Cruzado
el río Cea, dejamos atrás la Tierra de Campos
para adentrarnos en el solitario páramo leonés.
El paisaje se hace cambiante, el suelo accidentado y pedregoso.
No en vano esta zona es conocida por los lugareños como
Tierra de Cantos. El peregrino afronta en este tramo uno de
los recorridos más impactantes de toda la Ruta, la travesía
del más austero páramo, inclemente tanto en invierno
como en verano. Para atravesarlo, los peregrinos han optado
a lo largo de los siglos por dos recorridos paralelos pero bien
diferenciados. El Camino Real Francés, mucho más
humanizado y recientemente acondicionado (vuelve la autopista
del peregrino); y la Calzada de los Peregrinos, agreste y contundente,
páramo puro y duro.
A la salida de Sahagún grandes choperas evocan el que
es el último de los épicos sucesos carolingios
de la Ruta jacobea, muy similar al ya relatado en Valcarlos
(Navarra) de “Las lanzas floridas”.
Durante algo más de cuatro kilómetros, camino
y carretera siguen unidos sobre la que fuera calzada romana.
Llegados a este punto, la N-120 describe una gran curva a la
izquierda mientras que nosotros seguiremos de frente hasta una
pequeña área de descanso desde la que parten las
dos posibles rutas.
Por la derecha va la conocida como Calzada de los Peregrinos,
que sigue el trazado de la antigua Vía Trajana. Esta
ruta transcurre por un paraje sobrecogedor y espectacular: el
páramo en toda su crudeza. Por ella recorreremos el tramo
más agreste y solitario de todo el camino de Santiago,
siempre por caminos de tierra. Si de verdad el peregrino quiere
vivir en plenitud el camino, no puede por menos que elegir este
itinerario.
Por la izquierda parte el conocido como Camino Real Francés,
recientemente asfaltado, si bien se ha conservado un camino
paralelo acondicionado para el paso de los peregrinos caminantes
y de los ciclistas. Este camino mantiene también ese
carácter particular que confiere el páramo, aunque
transita por una zona mucho más habitada y ofrece menores
dificultades orográficas.
Durante la temporada estival, en cualquiera de los casos, conviene
iniciar la ruta a muy primera hora de la mañana y bien
provistos de agua. El implacable sol castellano (ni un solo
árbol en muchos kilómetros) y el polvo rojo que
se levanta a nuestro paso podrán, de otro modo, convertir
esta etapa en un martirio.
Durante la primavera y el otoño otro importante enemigo
del peregrino, suele hacer aparición con frecuencia por
esta zona: el viento de frente o de costado. En tales casos
sólo resta duplicar el esfuerzo.
A)
CALZADA DE PEREGRINOS
De
la N-120 parte una carretera por la derecha en dirección
a Calzada del Coto.
3'00 Calzada del Coto.-
La junta Vecinal ha habilitado recientemente al lado de la Ermita
un humilde refugio. Dispone de dos grandes salones con 36 plazas,
en los que el peregrino debe dormir en el suelo y tiene dos
duchas con agua caliente.
A la salida del pueblo parte un camino de tierra visiblemente
señalizado. Dos kilómetros después cruzamos
la línea de ferrocarril León Palencia y el camino
se transforma en pista de tierra apta para vehículos.
Esta pista se introduce en un pequeño bosque mesetario,
formado por encinas, robles bajos y arbustos, que crece en una
húmeda vaguada. Serán los últimos árboles
que veamos en muchos kilómetros. Tras dejar atrás
una pequeña zona recreativa (también será
la última fuente en muchos kilómetros) entramos
en Calzadilla de los Hermanillos (último núcleo
poblado hasta Mansilla de las Mulas).
17'00 Calzadilla de los Hermanillos.-
Típico
pueblo de calle-camino. Dispone de un completo y acogedor refugio
municipal, acondicionado en el edificio de las antiguas escuelas,
en la calle Real. Cuenta con 20 literas, duchas con agua caliente
y cocina completa.
A la salida de Calzadilla nos espera un corto tramo de asfalto
que nos lleva hasta el cruce con la carretera de El Burgo Ranero.
Nosotros seguiremos de frente por una pista de tierra bastante
irregular, que respeta el trazado de la antigua calzada romana.
A partir de aquí la llanura parece adquirir dimensiones
descomunales, desconocidas hasta ahora para el peregrino.
Hay momentos en los que, aunque el peregrino escudriñe
el horizonte en las cuatro direcciones, no hallará ningún
punto más elevado que él mismo. La sensación
de soledad es impresionante, casi violenta entre estos desoladores
campos de cereal. Sólo los pájaros, y circunstancialmente
algún rebaño de ovejas, confiere carácter
animado a semejante postal. Impresiona sobremanera ver a los
pastores en invierno, envueltos en sus mantas, completamente
inmóviles, siguiendo inmutables el paso del peregrino
tan sólo con el movimiento de sus pupilas.
La antigua calzada romana, asoma en ocasiones al camino, lo
que, si bien por un lado otorga aún mayor majestuosidad
al entorno, por otro añade un martilleo constante a través
de los pies, en el cuerpo del peregrino.
Doce kilómetros después de Calzadilla de los Hermanillos,
el Camino se acerca hasta la línea del ferrocarril junto
a un apeadero. Apenas unos metros después volvemos a
transitar por solitaria llanura.
Durante todo este trayecto nos toparemos con multitud de pistas
y caminos que parten a ambos lados de nuestra ruta. Afortunadamente
resulta difícil perderse gracias a las frecuentes señales
de pintura amarilla. No obstante, debe el peregrino prestar
la conveniente atención para no confundir a su paso las
marcas verdaderas con otras parecidas, empleadas para delimitar
lindes, o incluso con los líquenes amarillos que crecen
sobre algunas piedras y peñascos.
Dos kilómetros y medio después de la pequeña
estación ferroviaria nos encontramos con una breve zona
de descenso. Es el valle de Valdearcos, por el que transita
el arroyo del mismo nombre. En realidad no es sino una pequeña
vaguada, pero contrasta de tal manera con la llanura que le
circunda, que los lugareños le han asignado el apelativo
de valle.
Una vez cruzado el arroyo ascendemos la vertiente contraria
por un camino casi cegado por la abundante hierba que crece
en esta húmeda zona rodeada de fresnos y álamos.
Un kilómetro después encontraremos otro valle
exactamente igual al anterior: es el valle de Santa María.
Durante el invierno estas vaguadas están permanentemente
encharcadas al desbordarse estos pequeños arroyos a los
que sirven de cauce.
Superado el valle de Santa María encontramos un triple
cruce sin señalizar. Seguimos de frente para, 300 metros
después, girar a la derecha por una pista no muy visible.
En el horizonte se aprecia la torre de la Iglesia de Reliegos,
que deberemos dejar a nuestra izquierda.
El Camino transita ahora por un paraje verdaderamente peculiar.
Se trata de una cornisa que separa dos zonas bien diferenciadas.
A la izquierda, el páramo puro y duro. A la derecha,
veinte metros por debajo, se abre una amplia y fértil
vega con abundante vegetación.
El horizonte ya no lo delimita la llanura. En el fondo, al norte,
aparecen ya las Sierras de Riaño y de Mampodre, en plena
cordillera cantábrica. Y por el oeste se adivinan ya
las redondeadas cimas de los montes maragatos por los que caminaremos
pasadas unas etapas.
Llegado un punto, nuestro camino se decide por descender a la
vega. Por una pronunciada pendiente salva el desnivel que la
separa del páramo e inicia un recorrido en línea
recta por entre campos de cultivo, en los que destacan pequeños
“oasis” (son casetas agrícolas, rodeadas
de árboles y una pequeña huerta).
Unos kilómetros después, el camino llega a la
carretera de Cistierna a Mansilla, ya muy cerca de esta última
localidad. Tomamos por la izquierda para cruzar un canal y abandonarnos
el asfalto para seguir por una buena pista de tierra, que tras
pasar bajo la actual carretera de circunvalación accede
a Mansilla por el Arco de la Concepción. La Plaza del
Arrabal y la calle de la Concepción nos llevarán
hasta la N-601, ya en pleno corazón de Mansilla de las
Mulas.
El peregrino finaliza aquí uno de los tramos más
intensos y sobrecogedores de todo el camino de Santiago.
B)
CAMINO REAL FRANCÉS
A
la izquierda del punto de partida de la Calzada de los Peregrinos
comienza una excelente pista asfáltica. Tan sólo
separada por una cuneta, se ha respetado un camino paralelo
de tierra y grava, de 2’5 metros de ancho, y en cuyos
márgenes, cada nueve metros, se ha plantado un árbol
con riego por goteo. Cada pocos kilómetros, generalmente
coincidiendo con algún cruce, se han instalado también
bancos de piedra y mojones informativos. Asimismo, coincidiendo
con fuentes o arroyos, el peregrino dispone de pequeñas
áreas de descanso con mesas y bancos a la sombra. Como
se puede comprobar, este tramo discurre por lo que podríamos
denominar como una “autopista de peregrinos”, en
la que los coches y los vehículos agrícolas, no
nos atropellarán, pero nos llenaran de polvo, nos resecaran
la garganta.
Apenas recorridos tres kilómetros encontramos la pequeña
Laguna de El Hito, rodeada por juncos y chopos. Un verdadero
oasis en el que se dan cita un buen número de especies
animales. Durante el estío, esta laguna se deseca por
completo y sólo los chopos dan fe de su existencia.
Dejamos después a un lado la Ermita de Nuestra Señora
de Perales del siglo XVII, para llegar a Bercianos del Real
Camino.
9'00 Bercíanos del Real
Camino.-
La parroquia ofrece un recién acondicionado local de
10 plazas, con servicios como cobijo.
El camino acondicionado desaparece para dar paso a la calle-camino
de este poblado de adobes. A la salida, junto a una charca que
hace las veces de abrevadero, retomamos el camino acondicionado
hacia El Burgo Ranero. De nuevo, como recuerda Elías
Valiña, “tu horizonte sólo lo delimita la
esfericidad del planeta”.
En estos solitarios parajes, donde antaño abundaba la
maleza, es donde el peregrino Laffi encuentra el cadáver
de un peregrino que estaba siendo devorado por los lobos. Hoy,
sólo algún pastor con su rebaño puede alterar
la inquietante soledad del páramo.
18'00 El Burgo Ranero.-
Cuenta con un moderno y excelente refugio municipal en la calle
de la carretera. Dispone de 35 plazas, comedor con chimenea,
cocina completa y seis duchas con agua caliente.
Dejando atrás la calle central de El Burgo Ranero, se
retoma el moderno camino, que diez kilómetros después
atraviesa la línea del ferrocarril. El camino desciende
respectivamente los valles de Valdearcos y de Santa María,
para entrar poco después en la calle-camino de Reliegos.
32'00 Reliegos.-
El
Ayuntamiento ofrece como cobijo un estupendo albergue de 56
plazas, cocina salón de estar y duchas con agua caliente.
Hay una coplilla popular, que dice: “La legua de Castilla,
de Reliegos a Mansilla”. Y efectivamente, cinco kilómetros
de cómodo paseo y llegamos a Mansilla.
37'00 Mansilla de la Mulas.-
La Casa del Peregrino de Mansilla, capaz de albergar confortablemente
a 50 peregrinos, se halla en la calle del Puente. Sus instalaciones
incluyen una completa cocina, seis duchas con agua caliente,
lavadora e incluso televisión.

Plano de la etapa


