Abandonamos
Mansilla de las Mulas por la N-601 tras cruzar el puente de
ocho arcos sobre el río Esla. Un camino paralelo a la
carretera, y otras veces el arcén, en menos de una hora
nos presentamos en Villamoros de Mansilla.
4'00 Villamoros de Mansilla.-
Un buen camino como el que traíamos, nos sitúa
junto al puente más largo del Camino, el Puente de Villarente,
que con sus 20 arcos salva la extensa vega del río Porma,
y que sigue siendo un “punto negro” en el camino,
ya que no hay ni cuneta, y es muy estrecho.
6'00 Puente de Villarente.-
A la salida de esta localidad, superado el punto kilométrico
316 de la N-601, parte a la derecha una pista en dirección
al Bar-Restaurante Pirineos. Tomamos esta pista para inmediatamente,
por su izquierda, cruzar un prado y un campo de labor en el
que el camino desaparece. Caminamos siempre en dirección
a unas vallas publicitarias colocadas en el otro extremo de
la parcela. Pronto unos arbustos delatan la presencia de un
arroyo. Avanzaremos entonces parejos a la línea de arboles
hasta salir a una buena pista de tierra que seguimos hasta cruzar
el pequeño riachuelo.
De aquí en adelante el Camino se hace evidente, ya paralelo
a la carretera. En apenas unos metros, un puente de cemento
con barandillas azules salva el Canal de Porma y nuestra ruta
prosigue por cómodos senderos tapizados de hierba. Las
roderas de los tractores nos sirven de guía hasta llegar
a Arcahueja.
11'00 Arcahueja.-
Estamos ya a las puertas de León. Dan fe de ello las
numerosas factorías y naves industriales existentes entre
nuestro camino y la cercana carretera.
Dos kilómetros después de Arcahueja encontraremos
el último poblado antes de llegar a la capital, Valdelafuente.
13'00 Valdelafuente.-
La
ruta tradicional entra en el pueblo por su derecha, bordeando
por encima su iglesia, dedicada a San Juan Bautista y San Mames,
y su fuente. Desde este punto parte por la izquierda otra pista
que desemboca ya en la N-601.
Hasta la capital leonesa, el camino coincide con el trazado
de la carretera; pero antes se llega a otro “punto negro”,
el cruce de la carretera y el Alto del Portillo, donde hay que
caminar por la cuneta con el gran tráfico de la entrada
y salida de León. Desde la cima del Alto del Portillo,
ya se nos ofrece una magnífica vista panorámica
de nuestro próximo destino: León.
Tras un cómodo descenso, se cruza el río Torío
por el Puente del Castro del siglo XVIII, se llega a un complicado
nudo de carreteras. Las flechas que hay pintadas en el asfalto
no pueden confundir al peregrino, que deberá seguir de
frente por una calle abierta junto a una moderna urbanización.
Esta calle accede directamente a la Plaza de Santa Ana. Junto
a la iglesia del mismo nombre nace la calle Barahona, por la
que prosigue la ruta original. A continuación, la calle
de la Rúa, que desemboca en la Avenida del Generalísimo,
justo al lado del Ayuntamiento (frente a la Casa Botines, construida
por Antonio Gaudi).
Desde este punto el recorrido urbano recoge diversas variantes.
La aquí propuesta es, un poco compendio de todas ellas,
Se trata de descender por la Avenida del Generalísimo
hasta la Catedral y desde allí retomar el ascenso por
las calles San Pelayo y Regueral hasta llegar a la Basílica
de San Isidoro. Desde aquí continuaremos ya el recorrido
clásico que hacían los peregrinos al abandonar
León, siguiendo las calles Sacramento, de la Abadía,
Renueva, y Suero de Quiñones, hasta llegar al Hospital
de San Marcos (hoy Parador Nacional y sede del Museo Arqueológico).
20'00 León.-
Reconfortado por el tan intenso recorrido llevado hasta aquí,
el peregrino llega a León, ciudad que, junto con la propia
Compostela, alberga el conjunto artístico más
importante del camino.
Desde que cerrara el pequeño refugio de la Colegiata
de San Isidoro, León ofrece un buen refugio en la plaza
del Grano, en el convento de la Benedictinas “Carvajalas”,
con dos salas con colchones, sala de estar y duchas con agua
caliente. En Verano funciona otro refugio en el Colegio de Huérfanos
de Ferrocarriles, próximo a la plaza de toros, Tiene
100 plazas, duchas con agua caliente, y lavabos y aseos muy
abundantes.
Es ésta la última etapa de transición antes
de afrontar las duras jornadas de la montaña leonesa.
El trayecto discurre por el páramo leonés, mucho
más humanizado que el páramo palentino. La sucesión
de poblados similares nos irá acercando hasta otra de
las comarcas sumamente interesantes de la ruta: la maragatería.

Plano de la etapa


