Aunque
sobre el papel este tramo de la etapa parecería de cómodo
descenso (se sale a 1.300 metros de altitud y se llega a 480)
no hay que fiarse. En Galicia no puede hablarse en términos
absolutos en este sentido. Así, antes de iniciar el descenso
está aún el terrible repecho del Alto de O’Poio
y cuando parece que todo va a ser cuesta abajo hasta Sarria,
surge el puerto de Riocabo.
El pueblo de O’Cebreiro constituye un mirador excepcional
en la geografía gallega. Flanqueado por las sierras del
Caurel y de los Ancares, la línea de cumbres de esta
última se divisa desde aquí, en dirección
norte, con asombrosa perfección. Contrasta la silueta
dentada de las sierras del norte con el relieve redondeado de
las que se extienden hacia el sur.
Hacia poniente, un apéndice de ambas se extiende formando
una lengua bien definida por cuya cresta avanzará el
Camino hasta iniciar el descenso al valle del Sarria.
Si volvemos la vista, dejamos atrás el fértil
Bierzo y el valle de Valcarce. Vistos desde aquí sus
frondosos bosques y su estrecho cauce, resulta difícil
creer que nos hayamos abierto paso por él hasta alcanzar
esta cumbre.
De O’Cebreiro se sale por una poco transitada carretera
provincial que serpentea a media ladera por la falda norte de
una pequeña sierra. A tres kilómetros encontramos
Liñares.
3'00 Liñares.-
Una
pista de tierra parte por la izquierda en dirección a
la iglesia y al cementerio, pista que 250 metros después
regresa a la carretera.
Iniciamos así el ascenso al alto de San Roque, un suave
repecho que coronamos en un kilómetro. En su cima, y
correctamente señalizado nuestro camino, parte de frente,
siguiendo la mismísima arista de la sierra, por entre
prados y monte bajo helechos, retamas y tojos, básicamente.
Tras un agradable y reconfortante descenso volvemos al asfalto
hasta llegar a Hospital da Condesa.
6'00 Hospital da Condesa.-
Dispone
de un refugio con duchas de agua caliente, cocina y capacidad
para 18 peregrinos.
De nuevo un desvío señalizado nos conduce durante
300 metros por la calle central del pueblo.
Al poco de superado el mojón que señala el punto
kilométrico 28 de esta carretera tomamos hacia la derecha
una pista en dirección a Sabugos, pista que en seguida
se abandona, a la altura de una solitaria caseta, para ascender
por un camino de piedra suelta. Tras cuatrocientos metros de
duro repecho y otros cuatrocientos de sombreado camino, alcanzamos
una buena pista, apta para coches, que nos sitúa ya en
Padornelo.
9'00 Padornelo.-
Hay un refugio de 12 plazas. A la salida del pueblo está
el cementerio, desde el que parte un camino de tierra en dirección
a un grupo de casas y a una gran antena que vemos, y nunca mejor
dicho, encima de nuestras cabezas. Son seiscientos metros de
duro repecho que pondrán a prueba las fuerzas del peregrino.
10'00 Alto do Poio.- Altitud 1.337
m.
Este camino finaliza en el Alto do Poio, que con sus 1.337 metros
se constituye en el punto más elevado del Camino de Santiago
en Galicia. En la cima del puerto existen hoy varios restaurantes
y mesones. En la Posada del Peregrino, éste goza de excepcional
acogida por parte de Reme.
En este lugar es menester volver la vista atrás y echar
un último vistazo al ya lejano Cebreiro y a la sierra
de los Ancares antes de cambiar de vertiente para afrontar el
descenso al valle y perderlos definitivamente de vista.
Nuestro itinerario sigue por la carretera hasta llegar al punto
kilométrico 24, de donde parte por la derecha un camino
de tierra paralelo a ésta.
Si ha llovido recientemente hay que desistir de tomar esta ruta,
pues el agua y el barro cubren por completo el ancho de este
pedregoso camino. Las zarzas se encargarán por su parte
de que sea imposible utilizar las orillas, por lo que la opción
más recomendable en estos casos es continuar por la carretera.
12'00 Fonfría.-
Ambos,
camino y asfalto, coinciden a la entrada de Fonfría,
cuya travesía realizamos por su calle central. Al final
de esta calle, en una bifurcación, de nuevo nuestra decisión
vendrá determinada por la climatología. Con tiempo
seco, tomaremos la derecha, como indican las flechas, por un
camino de tierra. Si ha llovido habrá que optar por volver
de nuevo a la carretera, pues el camino se hace intransitable.
Un kilómetro después los dos itinerarios se fusionan,
justo unos metros antes de que una señal del Camino de
Santiago nos advierta de un pedregoso desvío que, por
su interior, evita una gran curva a la derecha de la carretera.
Al final de la curva nuestro camino cruza por enésima
vez la carretera, esta vez para enfilar un complicado descenso
por un auténtico pedregal que nos deja a la entrada de
Viduedo.
15'00 Viduedo.-
El Camino de Santiago atraviesa su calle central para, al final
de la misma, seguir a media ladera por una buena pista de tierra.
La panorámica se abre ahora a nuestra derecha, ofreciendo
al peregrino una aérea vista del valle que configura
un multicolor damero formado por infinidad de minúsculas
parcelas, cada una con una tonalidad diferente.
A partir de aquí comienza el descenso propiamente dicho
por una zona de monte bajo y helechos. El buen estado del camino
y la correcta señalización posibilitan el pleno
disfrute de estos tres kilómetros de vertiginosa pendiente.
Tras una doble curva muy cerrada encontramos ya las primeras
casas de Filloval.
18'00 Filloval.-
Conviene
no ir despistado a la entrada de esta localidad, ya que a la
altura de su primera casa parte hacia la izquierda nuestro camino,
describiendo una curva de casi 180º. Este tramo discurre
por un túnel natural formado por las ramas de los avellanos.
(En época de lluvias es mejor evitar este tramo saliendo
a la carretera en el mismo centro del pueblo, y descendiendo
unos metros por ésta).
El trazado de la carretera suaviza este descenso trazando continuamente
grandes curvas a izquierda y derecha, mientras que nuestro camino
lo afronta en línea recta, encarando la pendiente. He
aquí la razón de que en varias ocasiones hayamos
de cruzar el asfalto de esta, poco transitada, carretera comarcal.
En apenas 200 metros este camino desemboca en la carretera,
que en ese mismo punto cruzamos para descender por un bonito
camino entre carballos y avellanos, convenientemente señalizado.
Al rato nos encontramos de nuevo con el asfalto, que volvemos
a atravesar para proseguir la bajada hasta As Pasantes.
20'00 As Pasantes.-
A
la salida de esta aldea encontramos, ¡qué sorpresa!,
un pequeño tramo cubierto por el peculiar barrillo gallego.
Como compensación, al peregrino le espera un recorrido
por uno de esos imponentes bosques de castaños centenarios
que, como señala Antón Pombo en sus crónicas
del Camino “saben estos árboles más de peregrinaciones
que todos los estudiosos del presente, pues han ofrecido durante
siglos su sombra y sus frutos a los caminantes, mientras escuchaban
sus penas y sus alegrías”.
Las aldeas se sucederán a lo largo de ésta y del
resto de las etapas gallegas. Todas ellas de características
similares, con sus casonas de granito con grandes galerías,
sus estrechas e irregulares callejuelas y sus perros, que en
no pocas ocasiones harán avivar el paso al cansado peregrino.
21'00 Ramil.-
El
Camino desciende ahora hasta llegar a Ramil. Los castaños
situados a su entrada son quizá los más majestuosos
de la ruta. Sus ramas se extienden hasta el infinito ocultando
el cielo durante el verano, mientras que en otoño sus
hojas cubren el propio Camino con un tapiz multicolor. De Ramil
se sale por una pista que nos sitúa en Triacastela.
22'00 Triacastela.-
Final
de la décimo primera etapa del “Códice Calixtino”
Pueblo alineado en torno a la calle-camino, dispuso de varios
hospitales y de cárcel de peregrinos protegida con barrotes
de madera y en cuyos muros aún se conservan las inscripciones
hechas por algunos reclusos (entre ellas, varios gallos, símbolo
de la libertad para los franceses).
Durante siglos los peregrinos cogían a la salida de Triacastela
un trozo de roca caliza que acarreaban hasta Castañeda,
donde estaban los hornos que hacían la cal para la obra
de la catedral compostelana.
Triacastela posee un moderno albergue de peregrinos con 60 camas,
duchas con agua caliente y cocina.

Plano de la etapa


