Aunque
el Camino Real Francés continúa hasta Sarria por
San Xil y el Alto de Riocabo, algunos peregrinos optan por continuar
por la carretera con el fin de visitar el cercano Monasterio
de Samos. Nosotros seguiremos la ruta del Real Camino Francés.
A la salida de Triacastela se encuentra la citada bifurcación.
Por la izquierda prosigue la carretera hacia Samos. Nosotros
giraremos a la derecha para tomar una pista asfáltica,
convenientemente señalizada, en leve ascenso. Un kilómetro
después se deja esta carretera, que continúa hacia
arriba, para entrar en una buena pista de grava, apta incluso
para coches, que se aparta a la derecha descendiendo por un
bosque de castaños. Poco después, esta pista cruza
el arroyo Valdoscuro para iniciar un suave ascenso por encantador
paraje, hasta llegar A Balsa.
3'00 A Balsa.-
En
el extremo opuesto de esta bucólica aldea volvemos a
cruzar el arroyo por un pequeño puente de cemento que
da acceso a un empinado camino que permanece embarrado durante
buena parte del año.
Este tramo nace junto a una casa y a una capilla, dedicada a
Nuestra Señora de las Nieves, pero de nuevo da la sensación
de estar recorriendo un lugar verdaderamente privilegiado que
causará sensación y una gran satisfacción.
Este rincón es, sin duda, uno de los que el peregrino
nunca olvidará del Camino de Santiago. El estrecho camino,
flanqueado y cubierto por rugosos carballos, acoge pequeños
regatos que descienden zigzagueantes por entre las piedras redondeadas
por el secular paso de los peregrinos. Las raíces, desprovistas
de la tierra que las cubría, asoman al camino dibujando
inquietantes siluetas acentuadas por los escasos rayos de sol
que se cuelan entre las hojas. En fin, resulta ingenuo tratar
de transcribir las sensaciones que el peregrino percibe en lugares
como éste, ya vaya a pie, en bicicleta o en monopatín.
El encanto se ve violentamente sesgado un kilómetro después
cuando el peregrino se encuentra de nuevo con el asfalto y descubre
la causa de los numerosos regueros de agua que invadían
el Camino unos metros atrás. Se trata de una curiosa
fuente instalada a orillas de la carretera y cuya cabecera simula
una gigantesca vieira.
Desde aquí el ascenso continúa por esta pista
asfáltica. Pronto llegamos a San Xil.
5'00 San Xil.-
Este pueblo lo cruzamos por su calle central, para regresar
después a la carretera y seguir por ésta hasta
el Alto de Riocabo.
Aunque unos metros antes de llegar a la cima unas marcas amarillas
señalan un camino que parte hacia la derecha, es aconsejable
coronar este alto y deleitarse con la magnífica panorámica
que desde él se divisa.
De la cumbre parte un buen camino de tierra que pronto enlaza
con el anteriormente citado. Desde aquí hasta Fontearcuda
sólo resta disfrutar con uno de esos descensos que uno
siempre espera encontrar al otro lado de cualquier loma. Laderas
de hierba combinadas con grandes losas de granito conforman
una entretenida pista que finaliza en Fontearcuda.
8'00 Fontearcuda.-
En el centro de este poblado tomamos una desviación,
bien señalizada a la derecha y seguimos descendiendo
por una carballeira, que así se denominan aquí
estos pequeños pero frondosos bosques de carballos.
Las aldeas se suceden con tal profusión que llegará
un momento en que el peregrino no sabrá exactamente en
cuál de ellas se encuentra. Cualquier lugareño,
últimamente bastante perplejos por la inusitada avalancha
de peregrinos, le pondrá rápidamente al corriente
de dicha distribución.
A un kilómetro de Fontearcuda enlazamos con la carretera
que se dirige a Zoo, 100 metros después, la abandonaremos
por la izquierda para descender hasta un arroyo por un camino
que, entre carballos, describe una doble curva. Superado el
riachuelo, otro camino asciende de nuevo hasta la carretera.
Nosotros, sin embargo, seguiremos de frente, a media ladera,
por un buen trazado de tierra entre helechos que nos conduce
hasta la torre de un transformador eléctrico.
Dejamos el transformador a la derecha, ascendemos hasta la carretera
y 600 metros después entramos en Furela por una calle
de cemento.
12'00 Furela.-
Un
camino que discurre a la misma vera del muro de la iglesia de
San Roque, bordeando buena parte de ésta, nos devuelve
a la pista de asfalto por la que se continúa hasta Pintín.
14'00 Pintín.-
A
la salida de Pintín, un camino de tierra evita una pronunciada
curva de la carretera. Ambos vuelven a unirse unos metros después
y ya no se separarán hasta Sarria.
Antes deberemos cruzar los poblados de Calvor y San Mamede.
16'00 Calvor.-
Dispone
de un refugio recién acondicionado con capacidad para
24 personas: servicios, duchas con agua caliente, cocina, sala
de estar y un espacio reservado para guardar 10 bicicletas.
Pasados ambos poblados, y luego de una caminata, a la entrada
de Sarria el Camino Real Francés coincide con la carretera
que viene del Monasterio de Samos. Desde este cruce, y siguiendo
las indicaciones de una señal del Camino de Santiago,
debemos seguir de frente, hasta cruzar la Ponte Vella sobre
el río Ouribio y acceder a la carretera de Monforte.
Pronto vemos a la izquierda una gran escalinata por la que los
peregrinos accedemos al barrio alto (casco antiguo) de la villa,
y llegamos a la calle Mayor. A la altura del castillo, parte
hacia la derecha otra calle que nos sitúa ya junto al
convento de los Padres Mercedarios, quienes hasta hace poco
ofrecían cobijo al peregrino. Hoy el peregrino encuentra
como recompensa de su ascenso hasta este cerro una magnífica
panorámica de la Vega de Sarria.La
variante del Monasterio de Samos,
sigue la carretera, pasa por los pueblecitos de Renche y San
Cristovo do Real, es más cómoda, sobre todo con
lluvia, pero es mas largo. Si se quiere visitar el Monasterio,
hay que tener en cuenta que no lo abren hasta las diez, tiene
un refugio para peregrinos con capacidad para 44 plazas.
El Monasterio de San Julián de Samos está considerado
como uno de los más antiguos de Occidente, es del siglo
VI. La primera comunidad monástica seguía el ideario
ascético de los monjes coptos del desierto, reforzada
por la Regla de San Fructuoso. A fines del siglo VIII Samos
educa al futuro rey Alfonso II el Casto, en cuyo reinado se
descubrió el Sepulcro de Santiago. Con la adopción
de la Regla de San Benito, en el 960, el monasterio se ocupa
especialmente de la hospitalidad a los peregrinos y construye,
en el año 1000, la célebre Capilla del Salvador,
hoy conocida como “Capilla del Ciprés”.
En el siglo XII, acogió temporalmente a la reina doña
Urraca, a su corte y al arzobispo Gelmírez. A partir
de 1505 pasó a depender de la Congregación de
San Benito, de Valladolid.
Durante la Edad Moderna la fuerza económica y cultural
de Samos potencia una gran renovación arquitectónica.
En este proceso se pierde la iglesia románica, que dejó
paso a un grandioso templo, del siglo XVIII. De la obra medieval
sólo queda una portada lateral que comunica con el Claustro
de las Nereidas, del siglo XVI.
En el siglo XVII, el escultor Francisco de Moure realizó
varios retablos para la iglesia. En 1685 se inicia el gran claustro,
cuya construcción dura hasta 1746. El escultor neociásico
Ferreiro realiza el retablo mayor de la iglesia entre 1781-1785
y, poco después, se inicia la gran sacristía clasicista,
obra que se adentra en el siglo XIX.
El Monasterio, es un impresionante complejo de edificaciones
llenas de arte y de historia. Fue destruido por un incendio
en el siglo XVI. Vuelto a reconstruir, un nuevo incendio lo
destruyó en 1951, restaurándolo su abad Dom Mauro,
inaugurándolo en el año 1960.
21'00 Sarria.-
La policía municipal se encarga últimamente del
albergue nuevo, de 40 plazas, cocina, servicios, duchas con
agua caliente y sala de estar.

Plano de la etapa


