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Villaconejos - Salmerón
Cruzas el río Trabaque por un puente de factura medieval. Te introduces en la población y en una esquina a tu derecha te encuentras una capillita dedicada a San Roque peregrino. Esta ermita hace esquina con la calle que te va a sacar a tu camino siguiendo la orientación del río.
Unos secaderos de mimbre y la amplia vega poblada de mimbreras te acompañan. Si es verano el mimbre estará muy verde, si es invierno te sorprenderá su brillante rojo. Los cerros de Priego, la Majestad y la “Degollá”, allá al nordeste cierran el paisaje.
A los 600 metros sale un camino a la izquierda que no tomas. Sigues por el más cuidado, apto para vehículos. A los 300 metros un camino te sale a la derecha y se dirige al fondo de la vega, tampoco lo tomas y sigues recto hacia el norte. Otra bifurcación a los 400 metros, ahora tomas el de la derecha siguiendo a tu vista la hoz de friego. A 1 km. comienzas a subir una cuesta, en mitad de ella te sale un camino a la izquierda todavía más empinado que vas a tomar. Subes unos 200 metros de cuesta para luego llanear.
Al comenzar el llano ves al fondo el cerro donde se ubican los depósitos de hormigón que surten de agua potable a estos pueblos afectados por el pantano de Buendía. El camino se dirige en derechura hacia ese cerro. Vas por tierras de labor, siguiendo el camino de mejor firme. A 1.400 metros llegas a un camino más arreglado, junto a unas tapias de corral, lo sigues en dirección a la carretera bajando hacia el río.
En la cuneta de la izquierda quedan restos muy interesantes del camino viejo. Vas descendido a la vega hasta llegar a la carretera de San Pedro de Palmiches, que en ese punto cruza el río Trabaque por un puente de piedra. Torciendo a la izquierda, sigues la carretera en dirección a San Pedro durante 200 metros. En ese punto te sale un camino a la derecha, junto a una noguera no muy grande: lo tomas.
Cruzas un regatillo de agua y llegas a un cruce de caminos. Tomas el de enfrente en la dirección que traes. Comienzas en el mismo cruce una subida dura de casi 1 kilómetro. Después es llano. A la derecha vas viendo el cerro de los depósitos del agua.
Te salen varios caminos pero sigues de frente. El paisaje es inmenso. En un momento ves, a lo lejos, la torre de Valdeolivas y la ermita de San Quílez. Puedes continuar adelante pero en este punto el camino va a dar una vuelta de más de 2 Km. que puedes evitar. A tu derecha, a unos 200 metros queda un pino rodeno de gran envergadura. A la izquierda unos tocones de encina junto a un paso que da acceso a las tierras de labor. En ese punto tomas a la izquierda atravesando la tierra de labor, bajando al fondo del valle hasta encontrar de nuevo el camino.
Por el fondo del valle, entre encinas y grandes pinos, discurre tu camino en plena soledad. A los 2 kilómetros llegas a un camino en mejor estado, lo tomas girando a la derecha en dirección norte. Ves unas corralizas pegadas a las paredes calizas, rupestres. Estás acercándote al río Guadiela.
A los 500 metros un cruce, tomas a la izquierda acercándote al río. Bajas junto al cauce por una gravera ya abandonada, en cuyas paredes anida una colonia, al parecer bastante numerosa, de abejarucos. Te encuentras junto al puente que te permite cruzar el río. Lleva mucha agua pero invita al baño refrescante.
Un poco más arriba del lugar donde estás, se encuentran las juntas, donde los ríos Trabaque y Escabas, unidos poco antes, desembocan en el Guadiela. Siguiendo el camino que cruza el puente llegas a la carreterilla asfaltada, mojón del pk. 17, que debes seguir para llegar a Albendea.
Algunas casas nobles y un cierto aire de rancio abolengo abocado a un triste e implacable final, te sorprenden a la entrada de este pueblo, que apenas cuenta con doscientos habitantes.
La iglesia es un noble edificio de tres naves. La central separada de las laterales por arcos apuntados. El retablo mayor es interesante, pero especialmente el retablo renacentista es de muy buena armazón y de tablas excelentes. Otros retablos y cuadros hacen inevitable la visita.
Tiene un alojamiento rural que da comidas, un bar y tres tiendas de alimentación, consultorio médico y oficina de correos.
Lo más práctico es seguir por la carretera hasta Valdeolivas, pero, si quieres, frente a la portada del mediodía de la iglesia, la que ahora suele abrirse, cruzada la plaza junto a un edificio de noble factura que queda a tu izquierda, una estrecha calle te saca al camino. Ya puedes contemplar a lo lejos la alta torre de la iglesia de Valdeolivas y la ermita de San Quilez en lo alto de su cerro.
Una cuesta pronunciada te baja a la vega del río San Juan. Lo cruzas por un puentecillo y después gira tu camino bruscamente a la derecha. A los cien metros, abandonas el camino y subes a campo través. Atraviesas unos sembrados y olivos mientras a tu derecha quedan las ruinas de unas paredes que parecen corral de ganado pero que los del lugar atribuyen a un antiguo monasterio o convento.
Cruzas unos olivares y llegas a la carretera. El trayecto es muy corto: desde Albendea hasta la carretera hay 2 Km. A los cinco minutos de carretera puedes refrescarte en la fuente de la Cabeza don Pedro que mana junto a la carretera. Sigues adelante. Luego, a la derecha, te sale una carreterilla asfaltada por la que accedes a Va/deolivas.
Valdeolivas
En Valdeolivas quedan vestigios muy interesantes aunque parece un pueblo agonizante, con poco más de 300 personas en la actualidad. Hay que dar un paseo por sus calles de trazado medieval, irregulares y de poca anchura con casas nobles importantes, escudos, sillerías, rejas.
Puede el peregrino lamentarse de la olma seca, del arco hundido y de la almazara abandonada con su monumental fuente seca. La iglesia parroquial de la Asunción es edificio por demás notable y único quizás, el mejor ejemplar de templo románico de la provincia. Su interés se centra en la nave, el ábside y la torre.
La torre, de principios del s. XIII está muy reconstruida; el ábside está presidido por el Pantocrátor en la mandorla, rodeado por el tetramorfos y un grupo de apóstoles a cada lado cobijado el conjunto por la paloma del Espíritu Santo de la que dimanan siete rayos rojos. La nave lateral, más antigua, conserva extraños capiteles antropomorfos. Todos estos elementos hacen especialmente interesante esta población.
La temprana reconquista de la Alcarria hizo posible esta floración del último románico, aún mejor representado en el cercano monasterio de Monsalud. Hay farmacia, oficina de correos, cuatro tiendas de alimentación y bares. También se puede adquirir la famosa miel de La Alcarria.
Atraviesas Valdeolivas en dirección oeste hasta llegar a un edificio recientemente construido: las escuelas nuevas. Sigues recto cruzando un camino que viene de la carreterilla. Tu camino es una pista de tierra apta para vehículos. Sin abandonarlo llegas a Salmerón bajando una larga cuesta. Dejas la provincia de Cuenca y entras en la de Guadalajara.
  
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