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A la vera de la sierra de San Damián, pasada la tierra del Viso, se encuentra esta villa, que la riega un afluente del Narcea.
Donación de Dª Urraca al conde de Siero en 1112, posteriormente aquel, en compañía de su esposa, la ceden al Monasterio de Cornellana.
Conserva una torre cuadrada que perteneció a los condes de Miranda, sus últimos propietarios.
La colegiata de Santa María, gótico tardío, alberga el mausoleo de D. Fernando Valdés, Inquisidor, fundador de la Universidad de Oviedo, obra de Pompeyo Leoni. Realizada en mármol blanco ocupa un lateral del altar mayor.
Se sale de Salas siguiendo la margen izquierda del arroyo que la riega, ascendiendo por una bien cuidada y frondosa senda, siempre a la vera del riachuelo. Una y otro van tomando altura hasta que a unos tres Km., la senda se separa del río para ascender al lugar de Porciles y seguir un Km., hasta Bordenaya, que queda a nuestra derecha.
Otros dos Km. de senda por una paramera nos conducen a La Espina.
Seguimos por carretera hasta Pedrera donde retomamos el camino que ya no abandonamos hasta Tineo, después de dejar atrás las villas de El Pedregal cuyo nombre hace honor al terreno en el que se asienta. Su parroquial se dedica a los santos Justo y Pastor.
Después de recorrer otros cuatro kilómetros, se accede a Santa Eulalia y tres kilómetros adelante nos espera Tineo a la que se llega por el alto de San Roque, con capilla dedicada al santo.
Seguimos por una recién creada alameda que bordea un gran parque, hasta los arrabales de la localidad, donde se inicia el descenso y tras pasar por la franciscana parroquial de San Pedro, que tiene portada ojival, atravesamos la plaza del ayuntamiento y nos dirigimos al albergue.
Se trata del antiguo matadero, mínimamente acondicionado en parte, para acoger a los peregrinos (llovía y había goteras) y que ostenta el pomposo nombre de “Mater Christi”, remembranza sin duda de aquél célebre de tiempos medievales que acogía a peregrinos. Hay 18 camas en literas de tres pisos, dos lavabos y una ducha con regular estado de conservación es lo que nos depara este albergue. Las llaves hay que pedirlas en el ayuntamiento.
En su término se encuentran restos romanos, lo que da idea de la antigüedad de la urbe.
Tras la Reconquista se la dotó de murallas y fortaleza que permitió su defensa a los partidarios del Conde de Gijón, y de las que quedan algunos restos.