Saliendo
del albergue, el camino continúa ascendiendo por la encrespada
senda que se eleva hacía el Alto del Palo, a 1.114 m. de altura.
Se salva río y carretera por el puente y continuamos el camino
por fuerte pendiente hasta la cima, mientras la carretera serpentea
por la falda de la montaña para ganar altura.
Nuevamente las vistas son excepcionales. A nuestro frente Monte Furado,
por la derecha un valle en el que se atisba una pequeña población,
a nuestra izquierda otro impenetrable valle conquistado por frondosos
bosques y a nuestros pies nuevamente la carretera en un interminable
zigzag abriéndose paso entre las montañas.
Nuestro camino, que atraviesa la carretera un par de veces antes de
Monte Furado, desciende el puerto en línea recta.
Esta antiquísima localidad, en lo alto de un elevado cerro está
poblada por un único morador, que acompaña su soledad
con dos formidables perros de raza “pastor leonés”,
y unas vacas que pastan libremente en el monte, contribuyendo a dejar
medianamente transitable la trocha que nos conduce hasta la carretera
camino de Lago (Hay un bar a pie de carretera. Cierra los domingos),
en las inmediaciones de la sierra de Rañadoiro.
Seguimos por la carretera AS-14 durante dos Km., y desviarnos en este
punto a nuestra derecha volviendo a recuperar el camino que nuevamente
se nos ofrece ascendente. Se corona una loma y volvemos a descender,
hasta Berducedo (bar y tienda, en el mismo local).
Se atraviesa el pueblo, nuevo ascenso, y vuelta a bajar para recuperar
la carretera que nos conduce a La Mesa que cuenta con albergue de peregrinos,
pero carece de cualquier otro servicio, por lo que hay que llevar vituallas
desde Berducedo si queremos pasar la noche aquí.
A la derecha del albergue parte una pista asfaltada que nos guía
durante dos kilómetros de fuertes cuestas (18 y 20% de desnivel)
hasta el alto, dejando a nuestra izquierda un parque eólico.
Desde la cumbre, a 1.010 m. de altitud, entre cañones que forman
las montañas que se sitúan a nuestro frente descubrimos
Grandas de Salime, aunque el efecto óptico, en la distancia,
nos jugará una mala pasada.
Otra vez en el camino, descendemos por la minúscula aldea de
Buspol, que cuenta con pequeña ermita prerrománica, en
una zona pedregosa que acompañará nuestro caminar en prolongado
descenso hasta el inicio de la zona boscosa, antesala del embalse de
Salirne donde desemboca el camino a un kilómetro por debajo de
la presa. Se sube por la carretera y se cruza la presa, para en siete
largos y tediosos kilómetros asfaltados, llegar a Grandas.
Es de notar la carencia total de fuentes en este recorrido, hasta una
que nace de la roca, a pie de carretera casi en el alto de Grandas.
No obstante, si el peregrino retorna el camino, señalizado unos
cuatrocientos metros antes de llegar a esta fuente, la pasará
por alto, amén de seguir una senda enmarañada de helechos,
aliagas, zarzas y tojos que la hacen difícilmente transitable.
Grandas de Salime ocupa un reducido valle a la orilla del Navia, rodeada
de colinas y montañas pobladas de castaños y abedules.
La parroquial de San Salvador, que fue colegiata, y cuya pertenencia
ostentó El Temple, decora su puerta y fachada con conchas.
La iglesia la circunda un pórtico bajo y techado. Franqueando
la puerta de entrada, a nuestra izquierda, se conserva, adosada al muro
ciego, la que sin duda fue su portada románica original.
La Casa “dirección” y el museo etnográfico
son los principales atractivos de la villa.
El albergue se ubica en las dependencias de la Policía Municipal.
Ocupa una reducida sala donde se hacinan cinco cuerpos de literas de
tres pisos. Un servicio, ducha y un lavabo por todo equipamiento.


