<%@LANGUAGE="JAVASCRIPT" CODEPAGE="1252"%> Untitled Document

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SANT CARLES DE LA RAPITA

Situada en uno de los grandes puertos naturales del Mediterráneo, tiene sus orígenes en una rábita de monjes-guerreros árabes, de la época de los Omeia. En 1150 la población fue donada por Ramón Berenguer IV, respetando la voluntad de su antecesor, a los benedictinos de Sant Cugat, quienes, en 1260, vendieron el territorio a la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén, para pasar finalmente a posesión real mediante una permuta alcanzada con Pedro III el Grande en 1280.
La población vio establecerse a una comunidad de monjas Sanjuanistas proveniente de Sixena y auspiciada por Jaime II. Conoció el embarque de Alfonso el Magnánimo en su expedición a Cerdaña el año 1420, y supo de la expulsión de los moriscos el verano del año 1610.
Su actual población es de origen relativamente reciente (10.750 habitantes). Fue fundada en el siglo XVIII por Carlos III, quien acariciaba el proyecto de construir un gran puerto en la bahía de Els Alfacs, y de ahí que ordenara construir una gran ciudad, que tomó el nombre del monarca. El fallecimiento del rey y la escasez de fondos, frustraron la realización del puerto (que no se construyó hasta el año 1954), además de forzar la interrupción de las obras de la urbe, muchos de cuyos edificios, como la aduana, la iglesia y la casa del gobernador, quedaron inacabados. Si se logró terminar el Canal de Navegación entre el río más caudaloso de la Península Ibérica y el Puerto de los Alfaques, para facilitar la salida al mar de los productos de la cuenca del Ebro. A pesar de todo, ello no impidió, sin embargo, que acudieran pobladores a la incompleta localidad, cuyo censo no dejó de crecer a lo largo del siglo XIX.
Las inmensas playas de los alrededores han proporcionado a San Carlos una merecida reputación turística, a la que también contribuyen la belleza y la variedad del paisaje. El mar ofrece unas condiciones ideales para la práctica de los deportes náuticos. San Carlos es, además, la capital gastronómica del Delta del Ebro.
Entre sus especialidades culinarias, basadas a menudo en los mariscos, se lleva la palma la célebre langostinada. Sus principales monumentos y urbanismo neoclásico: Església Nova, Casa Laureano, Les Casotes, Plaza de Carlos III y Plaza del Coc, Fachada del Convento de Monjas Sanjuanistas, Torre de la Guardiola, presidida por una imagen del Sagrado Corazón, -con inmejorables vistas sobre el hemidelta derecho-, Museo de Ciencias Naturales, especializado en malacología (variedades de pecten), Lonja de Pescado, Monumento a los Moriscos... etc.
Tras la visita a la Parroquia, con altar a la Virgen del Pilar, nos trasladaremos al Puerto, desde donde haremos la salida oficial del Camino Jacobeo del Ebro, tomando la ruta, que por el antiguo Canal nos ha de trasladar hasta Amposta (11 Km.).
En nuestro caminar, a los 5 Km. encontramos la esclusa de L’Arispe, en el Canal Marítimo de Navegación, construida en tiempos de Carlos III. Torres de defensa de Poques Salses y Forgerón, siglo XVI y Torre de defensa y necrópolis de L’Oriola, Tusquets y Ullals de Baltasar, único lugar de Cataluña donde se encuentran nenúfares naturales.
Un poco más adelante, a la izquierda, Convento y Ermita de Santa María del Montsiá, construidos recientemente al pie del monte Montsianell (291 m.).
Y tras un pequeño tramo de unos dos kilómetros, llegamos a:

AMPOSTA

Ciudad de 15.320 habitantes, cuyo topónimo deriva seguramente del latín “Omni posta” (puesta junto al río) y se encuentra situada a la derecha del Ebro. Las primeras noticias escritas que de ella se tienen, datan del tiempo del Conde Ramón Berenguer IV quien, tras la reconquista de Tortosa en 1148, la dio a la Orden de Hospital de San Juan de Jerusalén.
Pedro III el Grande le concedió la carta de población el año 1282. En el año 1465, en la guerra contra Juan II, cayó su castillo después de 18 meses de asedio y fue rápidamente demolido. Pasado el peligro que representaron los piratas berberiscos y los avatares de las guerras Carlistas un nuevo destino aguardaba a la población a las puertas del siglo XX. La prosperidad volvió a medida que la extensión del cultivo del arroz crecía, y el año 1908 recibió el título de ciudad. Más tarde fue declarada capital de la Comarca del Montsiá, cuyo territorio, escindido del de la Comarca del Baix Ebre, había tenido como capital histórica a Ulldecona. Hoy su papel de capital comarcal está plenamente consolidado.
Su precioso puente colgante, fue construido entre los años 1915 y 1919 por el ingeniero J. Eugenio Ribera . Existen los basamentos del Castillo de Amposta y un muro junto al Ebro, únicos restos tras la destrucción de 1466.
Calle del Foso, llamada así porque las casas que la forman están encastradas en la roca que delimitaba el foso del castillo y dejan entrever su fisonomía. Plaza y capilla de Santa Susana, Iglesia parroquial de la Asunción, construida en 1773 sobre un templo primitivo levantado por los Hospitalarios y terminada un siglo más tarde. Casa Miralles, la más antigua de las que conserva Amposta.
Edificios modernistas: Sindicato, Cine Oscar, Casa Palau, Casa Fabregas, etc. Museo del Montsiá, situado en el edificio de las antiguas Escuelas Públicas Miguel Granell, es obra modernista del arquitecto Ramón Salas y tiene dos secciones; una arqueológica y otra dedicada a la colonización del Delta y su flora y fauna. Tiene puerto fluvial del que parten atrayentes excursiones por el Delta.
Salimos de Amposta para iniciar la segunda parte de la etapa del Camino Jacobeo del Ebro. 15 Km. llanos totalmente. Junto a nuestro Camino, la Torre de la Carrova, en la margen derecha del río, característica torre defensiva medieval (siglo XIV), con ventanales y bóvedas góticos. Enfrente, al otro lado del río y en el término de Tortosa, se eleva la Torre de “Camp-redó”, de la misma época; las dos torres gemelas defendían la entrada al antiguo estuario del Ebro. Detrás de la torre, los estanques naturales de la Carrova, protegidos a causa de su valor biológico. Una vez pasada la partida de la Carrova, finaliza la comarca del Montsiá y empieza la del Baix Ebre; las separa el Barranc de LLedó.
Más adelante, antiguo castillo y despoblado de Mianes. Necrópolis ibérica. El poblado casi se estacionó, sin vida progresiva en lo demográfico. Junto a Mianes, el camino conduce a Santa Bárbara, el camino de Masdenverge y el barranco de la Galera, que toma el nombre de la población homónima. En el barranco, a la vera de la población aludida, donde hoy existe un área de picnic, es fama que San Vicente Ferrer obró un portentoso milagro.
Seguidamente cruzamos los arrozales más al interior de la desembocadura del Ebro. Hace válida la máxima que a principios de siglo definía a Tortosa como “la ciudad del arroz y del aceite”.
Así llegamos a Vinallop: aunque hay quien opina que su topónimo es deformación de Abin-allop, lo más seguro es que puede proceder del nombre árabe de la familia “Bani-Lupa”. Es la más pequeña de todas las pedanías de Tortosa. Son abundantes las plantaciones de naranjos. La parroquial está dedicada a la Divina Pastora. En sus inmediaciones, silos ibérico-ilercavones excavados en la roca. Torre de defensa de Villaseca.
Se cruza en Camí Vell de la Galera a Tortosa; el Camí del Carme; el barranc de Sant Antoni o de la Caramella. L’Illa: solo la toponimia denuncia que aquí hubo una isla fluvial. Hoy, como en tantos otros casos, fusionada al margen del río Ebro. Dos kilómetros faltan para legar al final.
Pasamos por “La Corea”, pequeño y diseminado barrio, que se formó a las afueras de Tortosa a mediados de este siglo. Su nombre guarda una curiosa relación con la guerra de Corea.
Horta de Sant Vicent: Es fama que durante las visitas que efectuó a Tortosa San Vicente Ferrer, realizó algunos sorprendentes milagros que aumentaron la celebridad del taumaturgo valenciano. El milagro del Puente de Barcas, es uno de ellos (el afamado pintor Arasa lo reflejó en un lienzo encargado por la parroquia del Roser). Aquí fue uno de los principales protagonistas de las famosas Controversias Democráticas de Tortosa, presididas por Benedicto XIII (el Papa Luna), a las que asistieron muchos rabinos de Castilla y la totalidad de los de la Corona de Aragón y de las que se derivaron muchísimas conversiones. Tortosa guarda constancia pormenorizada de la casa donde predicó a la muchedumbre que le aguardaba en la plaza. En el Tesoro catedralicio se guarda celosamente el bastón de San Vicente Ferrer, que por su altura nos lo hace suponer un “real mozo”. No es de extrañar pues, que el barrio y su huerta tengan por nombre el del Santo.
Llegamos al Puente del Millenari, llamado así porque su construcción coincidió con la celebración del Milenario de Cataluña. Fue construido por los Ingenieros de caminos, canales y puertos José A. Fernández Ordoñez y Julio Martínez Calzón. Su longitud total es de 384 m. más 816 de accesos. Tiene una anchura de 17’70 m. y alcanza una altura sobre el río Ebro de 22 m. Su luz máxima es de 180 m. y por eso es considerado como el puente de mayor iluminación de Europa realizado en estructura hiperestática. En su margen izquierda, el puente cobija en su interior el Museo del Ebro (hecho que lo hace único), y finaliza en la Plaza del Bimilenario, presidida por una escultura de Andreu Alfaro, que, valiéndose de haces de láminas de acero inoxidable, figuró un arco de triunfo para conmemorar los dos mil años de ciudadanía de Tortosa.
Y así habremos terminado la primera etapa de este camino Jacobeo del Ebro, llegando a:

TORTOSA

Es la capital histórica de las tierras catalanas del Ebro. Sus habitantes 30.430. Ya Julio Cesar le otorgó la categoría de municipio y Octavio la de colonia (Julia Augusta Dertosa). A partir de ese momento, puede decirse que Tortosa siempre ha tenido pretendientes, debido, en parte, a su situación estratégica en el curso del Ebro, y que todos en ella han dejado su huella.
A primera vista, destaca sobre una colina el antiguo castillo árabe de “La Suda”, acrópolis y fortaleza amurallada, donde actualmente está situado el Parador Nacional.
Cerca del río se encuentra la parte antigua de la ciudad, con la catedral gótica, siglo de fachada barroca, con tres naves y claustro. En el interior destacan el retablo mayor, policromado y el de la Transfiguración, siglo XV, éste del taller de Jaume Huguet, y también la hermosa capilla de la Virgen de la Cinta, patrona de la ciudad, con mármoles italianos y jaspes de Tortosa, decorada con frescos de Dionís Vidal y Josep Medina. No muy lejos de la catedral, se puede admirar el Palacio Episcopal, del siglo XIV, con patio, galería y escalera en saledizo, una joya del gótico catalán que incluye una capilla construida por el obispo Prats (1316), con puerta de piedra policromada y esculturas del trescientos, así como la Lonja, siglo XIV, en la que en un tiempo se fijaba el precio del trigo para toda la cuenca mediterránea occidental.
Merecen también especial visita, el claustro gótico del Convento de Santa Clara, siglo XIV, el edificio renacentista de los Reales Colegios de Tortosa, fundados por Carlos I, para la educación de los moriscos, el Mercado Modernista, de estructura metálica y el paseo por el Barrio de Remolins, donde se encuentran el antiguo barrio Judío, la calle de Els Gentildones y el palacio de los Despuig.
Muy cerca de la plaza de la Cinta, conocida también como plaza de la Catedral, se encuentra uno de los rincones más típicos de Tortosa, “El Portal de los Romeros”, antiguo portal de acceso a la ciudad que se abría sobre el trazado de las primeras murallas romanas.
Tortosa desarrolla toda clase de actos culturales, deportivos, festivos y de ferias y congresos. Es un centro comercial y de servicios.
Para los más golosos, se recomiendan las especialidades de la repostería tortosina: el Papa Benet, las garrofetes del Papa (alusiones a nuestro Papa aragonés Benedicto XIII) o las pastas de cabello de ángel.

Plano de la etapa