“Tú,
que para mí sin duda alguna eres un porro, sin madrugar ni
trasnochar, y sin hacer diligencia alguna, con solo el aliento que
te ha tocado de la andante caballería, sin más ni más
te ves gobernador de una ínsula, como quien no dice nada”.
(Don Quijote a Sancho Panza)
Con esta frase del Quijote, iniciamos hoy esta Etapa “cervantina”;
partimos de Torres de Berrellén.
Vamos a recorrer veinte kilómetros totalmente llanos, con los
mismos y sencillos paisajes que en nuestra etapa anterior, cruzando
por las fértiles huertas del Ebro y el bajo Jalón, huertas
y arboledas de las orillas de ambos ríos, vestidas y adornadas
de bellos coloridos.
Partimos pues de Torres. Tras un recorrido de unos tres km., cruzamos
el río Jalón, escaso de agua. Dos km. más adelante
cruzamos un puente bajo la autopista, y unos dos km. más adelante,
se pasa por encima de la línea férrea y de la autopista,
que conducen al Norte. Justo al otro lado, rozamos la enorme y emblemática
azucarera, interesante conjunto arquitectónico de principios
de siglo. En el solar que ella ocupa, allá por los años
1100, existía un hospital para peregrinos dependiente del de
Santa Cristina del Somport. Y así, entramos en:
ALAGÓN
Villa de 5.487 habitantes, enclavada en las fértiles tierras
de la ribera derecha del Ebro, a 235 m.de altitud y en una llanura
entre este río y el Canal Imperial. Alabona la llamaron los
romanos, quedando de aquella época restos de un puente y algunas
torres. A dos km. de la población, una necrópolis íberica.
Fue musulmana con población mozárabe, siendo reconquistada,
como toda la ribera del Ebro, por Alfonso I el Batallador. Existen
notables edificios de estilo aragonés, destacando uno gótico
renacentista situado en la calle de la Jota Aragonesa, así
como algunas construcciones de las calles de Costa y Arco del Marqués.
Como conjunto urbano de calidad, sobresale, en lo alto de la villa,
la plaza del Castillo. La parroquia de San Pedro, es una obra mudéjar
de ladrillo del siglo XIV, con una nave cubierta con bóveda
de crucería sencilla, cabecera poligonal y preciosa torre,
también mudéjar (hermana gemela de las de Tauste y San
Pablo en Zaragoza), de planta octogonal de dos cuerpos, decorados
con ladrillos dispuestos en fajas de arcos mixtilíneos, rombos,
etc.. Al exterior ofrece una portada sencilla y logia de arcos de
medio punto abocinado. Interiormente está decorada con yeserías
mudéjares en las bocas de las capillas.
También merecen destacarse, el órgano neoclásico,
un retablo de 1470 dedicado al Santo Cristo, el retablo plateresco
del altar mayor y una serie de retablos barrocos. Importante es también,
un antiguo Colegio de Jesuitas, del siglo XVIII, con fachada de ladrillo
de tres cuerpos, con un arco en el central, y los laterales coronados
con sendos cuerpos de campanas. El interior es de una sola nave cubierta
por bóveda de lunetos y crucero con cúpula nervada.
La iglesia de San Juan Bautista, a las afueras, abandonada por motivo
de la desamortización. Es barroca, de una nave y capillas entre
los contrafuertes y comunicadas entre si. Y finalmente, la ermita
de Nuestra Señora del Castillo, mudéjar de ladrillo,
con una sola nave y campanario.
Uno de los proyectos soñados por esta Villa, es la creación
de un centro didáctico y recreativo en el paraje denominado
“El Caracol”, situado en la confluencia del río
Jalón con un paso elevado sobre el Canal Imperial. Las instalaciones
incluirían un aula de la naturaleza y un albergue juvenil.
Bien merece la pena hacer un alto en esta Villa y pasear por su barrio
antiguo, la judería y, visitar estas iglesias tan interesantes.
Salimos de Alagón y cruzamos de nuevo, bajo puentes, el ferrocarril
y la autopista, y por camino similar al recorrido hasta ahora (acequias
de riego, cañizares, campos de maíz y huertas), si bien
ahora asfaltado en un tramo de unos 3’50 km., llegamos al poblado
de:
CABAÑAS
Situado, como todos los pueblos de nuestro Camino a la derecha del
Ebro, de quien frecuentemente tienen que sufrir sus grandes avenidas.
Es de escasa población, tan sólo 564 habitantes. En
sus cercanías se encuentran los restos de una villa y de un
castellum romano, además de un posible embarcadero de la misma
época. Su iglesia parroquial está bajo la advocación
de San Ildefonso y es obra barroca de ladrillo, del siglo XVII, de
una nave y capillas laterales entre los contrafuertes. Su torre, desmochada,
sólo conserva el cuerpo inferior y el inicio de un segundo,
octogonal. La fachada también de ladrillo, está decorada
con un óculo abocinado. Posiblemente, la obra barroca esconde
debajo otra de estilo mudéjar.
Y así continuamos nuestro caminar, llevando siempre a nuestra
derecha el río Ebro y sus arboledas y a su orilla izquierda
los duros escarpes del Castellar, que ya se van quedando atrás.
Tras dos km. de camino, y en el interior de una aparente nave agrícola,
nos encontramos con la sorpresa de una pequeña “piscifactoría”,
con unos diminutos y recoletos lagos, donde las truchas nadan en abundancia.
El alquiler, por un módico precio, de una caña de pescar,
te puede proporcionar un buen almuerzo, que, “in situ”,
te prepararán en el “restaurante” allí instalado.
Buen lugar para que el peregrino descanse y reponga fuerzas. Nosotros
así lo hacemos, dando buena cuenta de nuestro bocadillo, bien
regado con un buen vaso de vino.
Tres kilómetros más, y tomamos contacto con el padre
Ebro. Estamos en:
ALCALA DE EBRO
“Fuéle respondió: Señor, allí
está escrito y notado, el día que vuestra señoría
tomó posesión de esta ínsula, y dice el epitafio:
Hoy, día a tantos de tal mes y de tal año, tomó
la posesión desta ínsula, el señor Don Sancho
Panza, que muchos años la goce. ¿Y a quien llaman Don
Sancho Panza?, preguntó Sancho. A vuestra señoría,
respondió el mayordomo, que en esta ínsula no ha entrado
otro Panza, sino el que está sentado en esa silla”.
(Don Quijote, capitulo XLV)
Lugar éste de 307 habitantes, y que está situado en
un suave promontorio sobre el río Ebro. En ésta villa
se sitúa el famoso pasaje del Quijote que hace referencia al
regalo que Don Quijote hizo a su fiel escudero, Sancho Panza, la Insula
Barataria, lugar éste donde ejerció su gobierno. Cuando
el río crece, aísla totalmente el citado promontorio,
convirtiéndolo en una “Insula”.
En sus cercanías hay evidencia de presencia romana. Quedan
restos del castillo musulmán y destaca la gran casa que poseen
los duques de Villahermosa, que se ha identificado como el palacio
del gobernador que usara Sancho Panza.
Su iglesia parroquial, dedicada a la Santísima Trinidad, es
una obra barroca del siglo XVII, con planta de cruz griega, cubierta
con una cúpula en el espacio central y bóveda de lunetos
en el resto. Flanqueando la portada, aparecen dos torreones de ladrillo,
de planta cuadrada el primer cuerpo, que se convierten en octogonal
en el segundo y tercero, rematándose con un chapitel. En su
interior hay que destacar dos tablas del siglo XVI en el retablo de
San Antonio y Santa Bárbara.
Y en ésta “Insula”, y tras la obligada fotografía
a la orilla del Ebro y a los pies del monumento dedicado a un pensativo
Sancho Panza, nos despedimos de Alcalá con éstos párrafos
del Quijote:
“Todos vinieron en ello, y le dejaron ir, ofreciéndole
primero compañía, y todo aquello que quisiese para el
regalo de su persona y para la comodidad de su viaje. Sancho dijo
que no quería más de un poco de cebada para el rucio,
y medio queso y medio pan para él, que pues el camino era tan
corto, no había menester mayor ni mejor repostería.
Abrazáronle todos, y él llorando abrazó a todos,
y los dejó admirados, así de sus razones como de su
determinación tan resoluta y tan discreta.
Abajó la cabeza Don Quijote, e hizo reverencia a los duques
y a todos los circunstantes, y volviendo las riendas a Rocinante,
siguiéndole Sancho sobre el rucio, se salió del castillo,
enderezando su camino a Zaragoza”.
(Capítulos LIII y LVII)
Y corto es el camino que nos queda hasta el final de esta etapa, tan
sólo 4,00 km., poco menos de una hora.
Nos separamos del gran río. La alta chimenea de la azucarera
de Luceni nos sirve de guía. El Camino no cambia, sigue igual.
A nuestra derecha, al fondo, van desapareciendo los costerones del
Castellar y aparece una pequeña cordillera salitrosa. A mitad
de ella, se divisa la ermita del Cristo de la Cueva, sobre el pueblo
de Remolinos. Y entramos en:
LUCENI
Se halla la población en una gran llanura junto al Ebro y el
Canal Imperial, junto al cual aparece un almacén del siglo
XVIII, construido para las necesidades del mismo. El número
de habitantes se estima en 1.035. Posee una bella iglesia parroquial
del siglo XIII, gótica, de mampostería reforzada en
las esquinas con sillería. Tiene dos naves que se cubren con
techumbre de madera sobre arcos apuntados y torre modernista, del
siglo XIX, de planta cuadrada con cuatro cuerpos. Su titular, la Virgen
de la Candelaria. En el interior del templo destaca el retablo del
altar mayor, gótico del siglo XV, con relieves de alabastro
policromados, único por sus características en la geografía
aragonesa. También destaca un Cristo yacente, estilo de Gregorio
Fernández. Sus fiestas mayores son el 29 de abril, San Pedro
de Verona, perviviendo desde tiempo inmemorial un dance dedicado al
Santo, cuya fiesta se acompaña con dichos populares tradicionales
de la zona.
Y en Luceni terminamos nuestra Etapa de hoy.

Plano de la etapa


