La
etapa que hoy nos corresponde caminar, podríamos decir que
tan solo se diferencia de la anterior en que en lugar de caminar junto
al Canal Imperial, lo vamos ha hacer toda ella, junto al ferrocarril.
En cuanto a las dificultades del terreno, pues, al igual que las anteriores,
tampoco existen, y la distancia tampoco es excesiva, 20 kilómetros.
Partiremos pues desde Tudela, tomando el Camino junto al Puente de
Piedra sobre el río Ebro, pero sin cruzar éste. El paisaje
va a ser muy similar al anterior, a nuestra derecha, el río
Ebro con sus huertas y arboledas, y detrás, las lomas de Las
Bardenas Reales en su zona más baja. A nuestra izquierda el
ferrocarril, y detrás los montes de Cierzo y Cirbón,
y por encima de ellos la majestuosa cumbre del Moncayo cubierta de
nieve.
Una vez caminados ocho kilómetros, cruzaremos el ferrocarril
que dejaremos a nuestra derecha, pasando después bajo la autopista
de Navarra, para así llegar a:
Castejón
Municipio navarro situado en la comarca de La Ribera y que hasta los
años veinte formaba arte del municipio de Corella. En la actualidad
pertenece al de Tudela. Se encuentra la villa en la zona baja del
valle del Ebro, sin apenas accidentes de relieve que destacar. La
altura media del municipio es de 280 m. y sus habitantes no rebasan
la cifra de los 3.300. A mediados del siglo pasado, tan solo eran
218, pero la construcción del ferrocarril y la formación
de un pequeño núcleo de comunicaciones (confluyen aquí
las líneas de Castejón-Bilbao, Zaragoza-Alsasua y Soria
Castejón), produjo el rápido crecimiento de la población
hasta los años sesenta, en que tiene una tendencia hacia el
estancamiento.
Su nombre primitivo fue el de Casteillón y Castellón,
nombre este último que recibe en los fueros que en el año
1117 dio a Tudela Alfonso el Batallador. La villa estuvo provista
de un castillo para defenderse de las incursiones de los castellanos
contra el reino de Navarra.
Salimos de Castejón, y tras pasar su estación de ferrocarril,
entramos en la Comunidad Autónoma de La Rioja.
La Rioja es una tierra privilegiada que reúne en si la mayor
variedad de paisajes inimaginables, desde la agreste Sierra de la
Demanda, a los valles del Oja, Tirón y Ebro, pasando por microrregiones
singulares como la de Enciso o rutas monumentales como la del Camino
de Santiago.
La Rioja es tierra de historia luz y color, de vid y trigo y sobre
todo tierra de gente de bien, donde la amistad es su mejor tesoro.
La viña ha marcado desde siempre la historia y el carácter
del pueblo riojano.
Esta región es un ininterrumpido y extraordinario museo natural
de arte, no existiendo pueblo o descampado en que no se puedan admirar
ruinas impresionantes del pasado. La arquitectura y la escultura han
florecido en creaciones Particularmente hermosas, como los monasterios
de Yuso y Suso, las catedrales de Calahorra, Santo Domingo y Logroño
y un sin fin de monumentos.
La “Ruta Jacobea” transcurre por La Rioja a o largo de
dos etapas. El tramo Riojano del Camino es corto en los mapas, pero
contiene gran parte de los símbolos que explican por qué
ha sido declarado Patrimonio Universal de la Humanidad y Primer Itinerario
Cultural Europeo.
Para acoger y ayudar a los peregrinos se construyeron hospederías
iglesias, hospitales y puentes. En la Rioja está documentado
el paso del primer peregrino de nombre conocido. Incluso surgieron
nuevas ciudades como Santo Domingo de la Caldaza, creada por el Santo
más famoso de todo el Camino Francés. En Clavijo, un
pueblo riojano, se libró la mítica batalla que lleva
su nombre contra los moros, que sirvió para justificar el voto
a Santiago. El Camino da origen al milagro más conocido de
la Edad Media: el del Peregrino Ahorcado.
El Peregrino siempre regresará de a Rioja llevándose
el conocimiento de una tierra hospitalaria, jalonada de castillos,
casas señoriales, fortificadas iglesias, puentes... todo levantado
entre viñedos, campos de cereal y calles trazadas desde muy
antiguo.
Ya en La Rioja, cruzamos la línea férrea, la que llevaremos
durante un par de kilómetros a nuestra izquierda, para pasado
este tramo, volver a cruzarla, en el lugar llamado “Los Llanos”,
y en otro par de kilómetros llegar a:
Alfaro
Ciudad de 9.315 habitantes que se encuentra a una altitud de 303 m.
Su término municipal es el tercero de España en extensión
(le superan Don Benito y Ejea de los Caballeros) con 196 Km. cuadrados.
La ciudad, que hace frontera con Navarra, se asienta en la ribera
derecha del Ebro, en la margen derecha del Alhama y en la falda del
monte Tambarría.
Sobre la celtíbera Llurcis, los romanos construyeron Graccurris
y los árabes la denominaron Alfaro.
El rey Felipe IV le concedió el título de Ciudad 1629.
La situación geográfica le confirió en el medioevo
un carisma especial de plaza fuerte.
Alfaro era la llave de Castilla. El escudo de la ciudad, concedido
por Alfonso VII el Emperador, ostenta un castillo y una llave de plata.
Tierra de paso, punto principal de comunicaciones del valle del Ebro,
entre Navarra y Aragón, tuvo gran prosperidad económica
en los siglos XVII y XVIII, palpable en las casonas palaciegas de
esos tiempos, con los blasones de las casas de los Hurtado de Mendoza,
López de Montenegro, Frías de Salazar, Gonzáléz
de Santa Cruz, cornisamentos etc., y el ladrillo mudéjar, aleros
de madera labrada, cornisamentos de ladrillo aplantillado, balconajes
de rejería y noble portada.
En la plaza de España o del Mercado, impone su majestuosidad
de iglesia colegial la parroquia de San Miguel, de los siglos XVI-XVII,
con su galería arqueada y el frontón partido y la dos
torres gemelas de ladrillo macizo. El interior, al que se accede por
una escalinata, es de tres naves, y en él destacan el retablo
mayor, churrigueresco, el retablo renacentista de la capilla de los
Pérez de Araciel y Rada, y el coro con una reja monumental.
La imagen de San Miguel Arcángel del altar mayor es una obra
de Gregorio Fernández, y en la capilla lateral, con retablo
barroco, una pintura de El Greco representando a San Francisco de
Asís haciendo de Hamlet meditando sobre la de la muerte. Alfaro
tiene dos iglesias más, la de San Francisco y la del Burgo,
con una airosa torre de ladrillo, y las ermitas del Pilar y de San
Roque, patrono de la ciudad, cuya fiesta se celebra el 16 de agosto.
La huerta alfareña es de la más ricas de la región,
y ello ha propiciado una industria conservera complementaria. La tradición
alfarera, persiste en industrias de mosáico, cerámica
y tejería. Es la llave de La Rioja. Una ciudad acogedora, con
buenos servicios, donde el buen comer y el buen beber en sus instalaciones
hosteleras, dan prestigio a la región.

Plano de la etapa


