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Hoy nos corresponde esta etapa entre "Alfaro y Calahorra".
La Rioja Baja delimita su extenso territorio por el sur con la sierra del Hayedo de Santiago, sierra de Archena, sierra de Alcarama y sierra de las Cabezas. Por el norte, la línea del Ebro sirve de frontera natural. La cuenca baja del río Alhama con la sierra de Yerga y la subcomarca de Alfaro marcan el límite fronterizo por el este y la divisoria de aguas entre las cuencas del Jubera y del Cidacos, que separa sierra de La Hez, y la llanura desde Tudelilla hasta Ausejo yAlcanadre hacen propio por el oeste. La sierra del Hayedo de Enciso y Peña Isasa, dividen las tierras del Cidacos y del Alhama, zona menos poblada que se prolonga desde Villarroya y Grávalos hasta Calahorra, Aldeanueva de Ebro y Rincón de Soto. Al igual que La Rioja Alta, también hay que distinguir en la Baja entre el Valle y la Sierra. En el Valle están la industria y la agricultura de regadío, con la ribera derecha del Ebro como productora de más riqueza, y en la Sierra una ganadería que se mantiene. Los términos municipales son de gran extensión en el Valle y las localidades habitadas están separadas por grandes espacios. Los principales núcleos de población son Calahorra, Alfaro, Arnedo y Cervera del Río Alhama, que presentan a su vez unas subcomarcas bien definidas.
La Rioja Baja comienza en la campiña de Ausejo y termina en Alfaro y Cervera. La nacional 232 es el principal eje de comunicación, junto con la autopista y el ferrocarril, que cruzan la región por la margen derecha del Ebro.
Y así pues, iniciamos nuestro camino de hoy, en Alfaro, cruzamos el río Alhama y caminamos entre la nacional 232 y el ferrocarril. El Ebro en esta ocasión lo vamos a llevar más bien retirado, pues no vamos a contactar con él; en alguna ocasión divisaremos a lo lejos sus arboledas a nuestra derecha. A la izquierda, seguiremos divisando las cimas del Sistema Ibérico, con su gigante Moncayo, aún con nieve y en parte oculto por el Cirbón, y más adelante, hacia el oeste, las cumbres de la sierra de Cameros.
Y así, y como decimos anteriormente, entre fértiles huertas y viñedos, que tan famosos caldos producen, llegamos a:

Rincón de Soto

A 12 kms. de Calahorra encontramos Rincón de Soto. Es villa agricultora e industrial, con afamadas fábricas conservas de vegetales y lugar de veraneo. En 1596 construyó la primera presa de España y en 1783 creó las comunidades de regantes.
Continuamos la caminata dirección Calahorra, de unos 12 Km. A nuestra izquierda divisamos la silueta de la parroquial de San Bartolomé, en Aldeanueva de Ebro, dominando toda la llanada que se extiende desde la falde del monte Yerga, hasta el Ebro. Es del siglo XVI, estilo renacimiento, de una nave central con bóvedas de crucería y un voluminoso retablo de cinco pisos, obra de Pedro de Troas.
Y por camino similar al anterior, quizá un poco más quebrado, llegamos a:

Calahorra

A 50 Km. de su capital, Logroño, se encuentra la bimilenaria ciudad de Cal ahorra. Sus habitantes 18.800 y su altitud sobre el nivel de mar es de 358 metros. Situada en la orilla izquierda del Cidacos, es la ciudad más importante de La Rioja después de la capital. Trescientos años antes de Cristo ya aparece el nombre de “Calagoricos” en una moneda de caracteres íberos. Los romanos acuñaron moneda y la llamaron “Calagurris”. Calagurritanos son sus habitantes. La ciudad más antigua de la región, sigue asentada en el primitivo solar, a cuatro kilómetros de la orilla derecha del Ebro, en la pequeña elevación que defiende el río Cidacos.
Por Calahorra cruzaba la calzada romana Zaragoza- Briviesca-Astorga. Los cartagineses de Aníbal pusieron cerco a la ciudad. y los calagurritanos llegaron a comer carne humana en la resistencia. Dos brazos desnudos con las espadas en alto forman el escudo de la ciudad.
Fue el año 71 antes de Cristo cuando ocurrió lo que los historiadores han llamado "Fames Calagurritana". El lugarteniente de Pompeyo, de nombre Afranio, asedió la ciudad y, al igual que se sucediera con Aníbal, los calagurritanos se defendieron hasta lo imposible. Para resistir fueron sacrificando a los más débiles a fin de tener alimento. Pompeyo sólo pudo entrar en Calahorra cuando apenas quedaban los heridos, y arrasó ciudad. De esta gesta, comparable a la de Sagunto y Numancia, partió la leyenda de la Matrona, que hacía fuego todas las noches para que el enemigo creyera que quedaban combatientes. Al entrar encontraron a la Matrona comiendo un brazo humano. El actual paseo de Mercadal se levanta el monumento al a la Matrona, inaugurado en 1878, y otro erigido al soldado Bebricio, que se quitó la vida por lealtad a su jefe Sertorio cuando éste fue asesinado en Huesca. En el siglo II, el martirio de los soldados San Emeterio y San Celedonío, degollados junto al Cidacos en el lugar donde hoy se encuentra baptisterio de la catedral, marca el paso de la Calahorra romana a la cristiana. Si Quintiliano dio gloria a Roma, otro calagurritano Aurelio Prudencio, fue el gran poeta que cantó el martirio de sus paisanos dos siglos más tarde.
En el siglo V ya era sede diocesana. El 30 de abril de 1045, García el de Nájera conquista definitivamente la ciudad a los musulmanes. El 10 de junio de 1076, Alfonso VI le concede Fuero y el rollo juridiscional que hoy se contempla en el Paseo de Mercadal es su símbolo, conocido por el sobrenombre de La Moza. En 1366 fue proclamado rey en Calahorra Enrique II de Trastamara. En 1466 Enrique IV regala la custodia, conocida por el nombre El Ciprés, que se conserva en el de museo de la catedral. Es la custodia más antigua de España.
La ciudad de Calahorra abre su corazón en el Mercadal y la calle Grande. El Mercadal es un amplio y largo bulevar, donde estuvo la naumaquia romana, que ocupa una extensión aproximada de mil quinientos metros cuadrados, desde la glorieta del Ayuntamiento hasta el Parador Nacional Turismo. La calle Grande o de los Mártires asciende suavemente hacia la parte antigua. Es una arteria comercial confluyen las del Teatro, Cava y Sol y donde bulle la actividad en las tiendas y comercios, bares y discotecas, con una belleza arquitectónica singular por galerías acristaladas de los edificios. La calle Grande desemboca en la plaza del Raso, cogollo la Calahorra finisecular, centro del mercado al aire libre, rodeada de construcciones del siglo XVIII, y la monumental iglesia de SANTIAGO, de fachada neoclásica con balconada y cinco arcos y torre rectangular de piedra.
Un laberinto de calles y callejas conducen a la plaza de San Andrés, amplia y pavimentada, donde se eleva la parroquial del mismo nombre, construida en el XVI sobre la primitiva iglesia. Por el Arco del Planillo, antigua puerta de ciudad romana, se sale de la plaza hacia Bellavista, un mirador natural para contemplar el paisaje de la vega hasta el Ebro y los montes de Navarra. Se desciende hacia catedral las cuestas la Cucurra, del Rufo y del Postigo, empinadas callejuelas que salvan el escarpado. Por la calle del Morcillón o del Cabezo llega a otro de los miradores naturales la ciudad para de admirar la belleza de la derecha del Cidacos. La torre de la catedral se alza sobre los tejados de un rojizo ennegrecido. Continua por calles de El descenso sigue por las Eras, el Arretil la calle del Horno y la plazuela del monumento a Cervantes. Continua por las calles de antiguo sabor artesano, como Pastelería y de las Navas, La Estrella y plazoleta de San Francisco. Finalmente, por la cuesta de la catedral se llega a la plaza del Cardenal Cascajares, ya al pie del Cidacos, cerca del puente. A un lado, la catedral, y enfrente, el Palacio del Obispo. La catedral es del siglo XII y fue reconstruida en 1485 y terminada en el siglo XVI. Sobresale el estilo gótico y la fachada es neoclásica del siglo XVIII y el atrio del XIX.
En el interior conserva un magnífico coro cerrado por una verja labrada por Pedro Lazcano y entre los retablos destaca el de San Pedro, plateresco del siglo XVI en alabastro. Hay crucifijo gótico del siglo XIV, popularmente llamado Cristo de la Pelota.
La sacristía es una de las más valiosas de España, con un auténtico tesoro de orfebrería litúrgica, Museo Diocesano y obras de Zurbarán, Ticiano y Rivera. El Palacio del Obispo, residencia del titular de la Diócesis, es un caserón de piedra noble, de corte clásico.
Cerca del Palacio, por la calle del Arrabal, se llega al convento de las Madres Carmelitas, que guarda en los silencios de la clausura la Flagelación, de Gregario Fernández.
Cruzando el puente romano sobre el Cidacos, y por el Camino Viejo de los Peregrinos, se halla el santuario del Carmen, convento de frailes Carmelitas de principios del siglo XVII.
El camino viejo, antes de empalmar con la Nacional 232, pasa por el Crucero, de cuatro arcos góticos del siglo XVI, con reminiscencias platerescas, que era la entrada en la ciudad medieval.
La prosperidad agrícola, industrial y comercial de la ciudad como centro de comarca, que ha hecho posible la parte nueva en la zona oeste. La ciudad ronda los 20.000 habitantes, y es notorio el contraste entre las dos Calahorras.

Plano de la etapa