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En esta etapa dejaremos tras nosotros las ya conocidas tierras catalanas, tan ligadas a nosotros por las aguas y costumbres de los pueblos del gran río. Pisaremos ya caminos aragoneses.
En Xerta, nos despedimos de él, del Ebro, nuestro compañero inseparable del Camino, porque también el peregrino, en algunas ocasiones, buscaba, y busca -con toda humildad lo reconocemos-, acogerse a la ley del mínimo esfuerzo.
Y es que el Ebro, desde Caspe hasta alcanzar Xerta, dibuja una gran curvatura, y el peregrino se ahorraba antaño, y hogaño nos los ahorramos nosotros, un montón de leguas (nosotros de kilómetros), si caminaba, en línea recta, por “tierra firme”, el espacio que separa ambos municipios.
Es, sin embargo, un despido momentáneo, un hasta luego, y, a través de Gandesa, Batea y Fabara, pronto llegaremos a Caspe, donde el reencuentro con nuestro río será tan entrañablemente querido, que ya nunca jamás lo volveremos a abandonar y nuestro largo peregrinaje por este Camino Jacobeo que lleva su nombre siempre será con él compartido.
Hasta Xerta el Camino es llano, sin subidas ni bajadas. La única ascensión fue allá, en el “Muntell de les Verges”, en el que tenemos que ascender sus duros cuatro metros de altitud.
Pero a partir de Xerta, el Camino se nos torna duro, empinado, agreste, pero bello, hermoso e, incluso, atrayente por la agresividad de su reto.
Y con este cambio, algo suavizado, vamos a continuar.
Dos circunstancias reflejan la orografía elevada de las tierras que estamos cruzando: Una, el Ebro en su persistente búsqueda del mar Mediterráneo -para nuestro peregrinaje sigue siendo el Mare Nostrum- no pudo abrirse paso por las altas tierras de la Terralta, que le obligaron a dar el rodeo al que hacíamos referencia. La otra, las cimas de las sierras de Pandols y Cavalls, que sorteamos en la etapa aanterior. Pero no sólo es el paisaje, distinto y hermoso, que pone adecuado marco a nuestro Camino en estas etapas, el que las hace atractivas. Sus municipios, cargados de historia y arte, nos llaman, con sus silencios de siglos, a visitarlos con el sosiego y la paz que requieren su venerable vejez.

BATEA

Población de 2.100 habitantes. Tiene uno de los cascos antiguos mejor conservados de Cataluña. Se abre por una gran capilla dedicada a la Virgen del Portal, una de las dos advocaciones marianas no aragonesas -la otra es la Virgen de la Fontcalda, cuyo santuario pudimos visitar en la etapa anterior-, que por la gran devoción de que gozaban en Aragón, fueron recogidas por el Padre Faci, en su libro, de principios del siglo XVIII, “Aragón, Reyno de Cristo y Dote de María Santísima”.
Este bello casco viejo de Batea se culmina con su Iglesia Parroquial de San Miguel, siglo XVII, de dimensiones catedralicias.
Quedan restos de un castillo medieval y hay una ermita dedicada a la Virgen del Portal, patrona de la ciudad.
Perteneció a la Orden de San Juan de Jerusalén.
El primer pueblo de la ruta Jacobea del Ebro en Aragón, es Fabara, a donde llegamos procedentes de Gandesa y Batea, que son los últimos pueblos de la ruta en la provincia de Tarragona.
En la etapa Batea-Fabara, diremos adiós a Cataluña, recordando con admiración las bellezas de sus "Terres de l'Ebre". Entraremos en Aragón para enfilar nuestro caminar hacia el centro de nuestro Camino: El Pilar de Zaragoza.
El lindero, que no frontera, viene determinado por el río Algars, de resonancias indoeuropeas, aunque islamizadas. Tuvo demasiado trabajo Santo Domingo de la Calzada en tierras riojanas y no pudo dulcificar con sus obras de ingeniería el peregrinaje por nuestro Camino Jacobeo del Ebro. No hay, pues, puente que nos haga más muelle el cruce del río Algars. Pero no se asuste de ello el peregrino timorato, si es que hay alguno que lo sea. Nuestros amigos de Batea y Fabara nos han buscado un buen vado para sortearlo.

FABARA

El origen de su nombre es árabe, una población situada junto al río Matarraña poblada desde muy antiguo, con restos de yacimientos de la Edad del Bronce, el más conocido es el de "El Roquizal del Rullo". Pero su fama se la debe al magnífico Mausoleo Romano conocido como "La Casa de los Moros", el mejor conservado de España. Edificado en el siglo II en honor de Lucius Emilio Lupo, fue declarado monumento Histórico Artístico.
Es villa que cuenta con 1.290 habitantes, Altitud 242 m. y sus monumentos principales, aparte el Mausoleo, son: la Casa Consistorial, totalmente restaurada y que tiene forma de Loggia; se abre con tres arcos en la planta baja, más una planta superior en la que hay situado un pequeño museo dedicado al pintor nacido en Fabara, Virgilio Albiac. Preciosa es su iglesia parroquial, dedicada a San Juan Bautista, de estilo gótico mediterráneo, siglos XVI-XVII; presenta factura de sillarejo y está concebida como fortificación, llamando la atención por sus almenas y la torre de planta cuadrada. Tiene una nave (parece una gran sala), cubierta de bóveda de crucería estrellada y tiene capillas entre los contrafuertes. Desde su mirador se contempla una preciosa vista panorámica de las huertas regadas por las aguas de su río Matarraña.
Es localidad de larga tradición campesina, siendo sus productos principales el cultivo de la almendra, la oliva y la fruta, que se comercializan de forma artesanal y ecológica, como el aceite virgen extra, oliva negra de Aragón, paté de oliva y paté de ciruela claudia, entre otros.

Plano de la etapa