Partiremos
de Fuentes de Ebro, y tras cruzar por un paso superior el ferrocarril
Zaragoza-Caspe, giraremos en ángulo recto hacia la izquierda.
Por una ancha y gran recta, seguiremos caminando hasta la fábrica
de SAICA, que divisamos enfrente y que dejamos a nuestra izquierda.
Tras haber recorrido 5’80 km. A nuestra derecha, atravesando
los “Llanos de Cascal”, llevamos la gran acequia que porta
el agua para el riego de las huertas de Fuentes y Quinto; a nuestra
izquierda los ya veteranos y antiguos compañeros, el ferrocarril
y la carretera de Castellón.
Seguimos con similar camino, y a los 7’00 km. a derecha e izquierda,
las “Casas de Aladrén”; a los 9’00 km. la
azequia-canal nos abandona hacia la derecha, pues a poco más
de medio kilómetro está su nacimiento, en la presa de
Pina. El Ebro se nos ha aproximado.
Más adelante, a los 11’00 km. pasamos por la Urbanización
“Virgen de la Columna”, la que rozamos por su parte posterior.
Al final de la misma, la Ermita de Nuestra Señora de Zaragoza
la Vieja (Virgen de la Columna, Virgen del Pilar), en la que se están
haciendo obras de restauración.
En el km. 13’00 llegamos a El Burgo de Ebro; seguimos el camino
con abundantes escarpes sobre el antiguo cauce del río Ebro,
en sus ya lejanas avenidas; a uno de ellos lo llaman “El Salto
del Lobo”.
Más adelante a los 18’00 km. un pequeñísimo
barranco que la carretera salva con un puente y nosotros lo subimos
sin ninguna dificultad. A continuación, a nuestra izquierda,
un gran muro de roca blanda, “El Escarpe”; a nuestra derecha
ya divisamos “la Depuradora”, y más lejano, al
pie de Los Monegros, el castillo y el pueblo de Alfajarín.
Estamos en el kilómetro 21’00 y tocamos la muralla de
lo que fue “Cartuja de Miraflores”, donde terminamos la
etapa.
Ahora una pequeña información sobre los pueblos y monumentos
más significados.
EL BURGO DE EBRO
Pueblo de unos 1.200 habitantes, fijos. Su término municipal
se encuentra situado en la margen derecha del río Ebro, con
tierras de fértil regadío donde la huerta y el cultivo
de árboles frutales tienen un destacado papel. Burgo significa
pueblo, lo del Ebro parece un apellido necesario. El yacimiento ibero-romano
de La Cabañeta, nos indica la milenaria historia de la villa.
En tiempos fue pueblo de Zaragoza, colonia romana de Cesaraugusta.
Es uno de los asentamientos rurales más antiguos de la región,
posiblemente el primero.
Desde el barranco de La Concepción al Ebro, la llanura se extiende
matizada de verde. Hay una visión de secano a secano, que enlaza
el cerro de San Jorge con la estepa Monegrina. Pero entre el panorama
montañoso y estepario, discurre la ancha franja del Ebro y
de las huertas ribereñas. Las calles de su casco urbano discurren
paralelas a la carretera, su principal arteria. Otras, las más
cortas, salen al encuentro de la huerta, en dirección al río.
Existen dos zonas bien caracterizadas en el casco urbano, la típicamente
musulmana y la moderna, donde se levantan los nuevos edificios.
Su antigua iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, que sigue
en pie, es una obra mudéjar del siglo XVI, de ladrillo y tapial,
con una nave crucero y cabecera plana; por el exterior presenta decoración
mudéjar de picos; conserva un retablo gótico atribuído
a Nicolás Zahortiga. Actualmente, esta iglesia ha sido desbancada
por la iglesia nueva, donde el moderno urbanismo ha impuesto su ley.
Tiene dos ermitas, la mencionada de Nuestra Señora de Zaragoza
la Vieja y la dedicada a San Jorge, patrón de Aragón.
Si Zaragoza, la capital, presume de bimilenaria, El Burgo no le anda
a la zaga. El yacimiento ibero-romano ya citado de La Cabañeta,
nos sitúa ante los primeros pobladores ribereños. La
romanización corrió pareja con la fundación de
Cesaraugusta, ya que a su primera comunidad se le dio el nombre de
Zaragoza la Vieja, para así perpetuar la memoria del forzado
destierro de sus primeros habitantes.
El Burgo fue una importante aljama, con el 75 % de su población
morisca. Seguiría así hasta 1610 en que los árabes
fueron expulsados de España. La despoblación puso en
peligro el futuro del pueblo, que siguió languideciendo hasta
el siglo XVIII, cuando se inauguró el canal Imperial de Aragón.
Determinante para el desarrollo de la economía del municipio
fue la instalación de SAICA II, importante fábrica de
cartón. La existencia de agua, vital para este tipo de empresas,
y las buenas comunicaciones por carretera y ferrocarril, son los principales
polos de atracción con los que cuenta El Burgo de Ebro.
LA CARTUJA BAJA
La Cartuja Baja o de Miraflores, es un barrio zaragozano que cuenta
con un censo de unos 1.500 habitantes. También, como El Burgo,
situado en la margen derecha del río Ebro. La disposición
de sus elementos obedece a un trazado de tipo monástico amurallado.
Se desarrolla en torno a distintos patios: un patio de acceso que
comienza en la portería y termina en la iglesia, y que está
franqueado por los edificios de procura y hospedería; dos patios
menores, uno de capillas y otro de vida comunitaria, a ambos lados
de la iglesia; el patio de las celdas, detrás de la cabecera.
Como resultado de la Desamortización fue expulsada la Comunidad
de cartujos y sustituida por colonos. Esta Cartuja de la Concepción
o de Miraflores, fue la última en construirse en España
y una de las de mayor extensión; el cenobio fue fundado el
año 1634 y las obras se iniciaron a partir de 1651, bajo la
dirección de Francisco Ruesta, arquitecto natural de Barbastro.
El recinto rectangular está cerrado por una muralla reforzada
por cubos que antes eran capillas. El ingreso se hace a través
de una portada barroca de ladrillo de dos cuerpos horizontales y tres
verticales con pilastras superpuestas de piedra. El patio de acceso
es de estilo barroco renacentista. La iglesia es un edificio de ladrillo
cubierto con bóveda de lunetos y cúpula sobre pechinas
con linterna en el crucero. Torre de planta cuadrada con tres cuerpos,
el superior octogonal, rematada con chapitel en forma de campana prismática.
La decoración interior, de yeso, fue realizada por Joaquín
Gracián en 1781 y la decoración de pintura mural por
fray Juan Almor. Del claustro sólo se conserva el trazado,
la fachada interior de ladrillo caravista y arco abocinado de doble
rosca. Tenía 36 celdas individuales, hoy transformadas en viviendas
particulares.
La exclaustración de los frailes se produjo en 1835. A partir
de entonces, La Cartuja de Miraflores o de la Concepción empezó
a transformarse en núcleo urbano con su nuevo bautismo de La
Cartuja Baja. Los primeros habitantes se dedicaron exclusivamente
a la agricultura. El barrio creció en poco tiempo, hasta llegar
a superar los mil habitantes. Está previsto que puedan residenciar,
alrededor de 15.000. Aunque la agricultura continúa recibiendo
las máximas atenciones por parte de los cartujanos, ahora hay
que contar también con una gran parte de la población
que depende de la industria de la capital, aunque haya elegido La
Cartuja para vivir.
Sus fiestas patronales las celebran en honor de la Virgen y San Roque,
del 15 al 17 de agosto.
HISTORIA DE LA CARTUJA
Los Cartujos se establecen en Zaragoza, en el monasterio de Aula-Dei,
en el año 1567, llegando a tener en nuestra ciudad, a comienzos
del siglo pasado, treinta y una casa, con una extensión aproximada
de 1.200 hectáreas, repartidas por diversos puntos. La Cartuja
de la Concepción (La Cartuja Baja) es la última en construirse
en España y una de las de mayor extensión. Fundada por
los esposos don Alfonso de Villapando y Funes (1570-1630) y doña
Jerónima de Zaporta y Albión (1567-1650). El actual
emplazamiento es el segundo de esta fundación. En 1629, un
año antes de morir hace testamento don Alfonso dejando todos
sus bienes a su esposa en usufructo mientras viva y a la muerte de
ésta sirvan para la fundación de una cartuja en la provincia
de Aragón y bajo el título de la lnmaculada Concepción.
Resultó que a la muerte de don Alfonso se comprobó que
las deudas eran mayores que los bienes.
El 6 de febrero de 1639 se compró una granja situada entre
Alcañiz y Castellserás para erigir allí tin nuevo
monasterio. Al sublevarse en 1640 Cataluña y acudir los franceses
en su ayuda contra las tropas reales mandadas por el, conde-duque
de Olivares, la zona de Alcañiz era a menudo recorrida y castigada,
de manera que los monjes no se sintieron seguros y emprendieron la
retirada hasta una finca a las afueras de Zaragoza, en la granja o
torre llamada de Martín Cabrero, cedida por doña Jerónima,
en documento fechado el 2 de junio de 1643. Los monjes quisieron,
al terminar la guerra, volver a Alcañiz. Doña Jerónima
consiguió que se quedaran en Zaragoza con la amenaza de que,
si no se quedaban fijos allí, perderían su fortuna según
una cláusula que añadió al testamento el 22 de
octubre de 1647.
En 1649 el arzobispo autorizó la nueva fundación y doña
Jerónima exigió que las obras comenzaran en el plazo
de un año. En 1650 muere doña Jerónima, y el
9 de septiembre de 1651 se puso la primera piedra; el 6 de agosto
de 1682 estaba terminado el claustro grande, con sus cuarenta y dos
celdas, y se comenzó el muro que cierra el monasterio.
La iglesia se termina en 1718 y es consagrada en 1731. El chapitel
de la iglesia se hizo en julio de 1742, así como la bodega,
la hospedería y el granero. La iglesia fue restaurada en 1781
por un maestro de obras retirado de la Cartuja. La visita de los reyes
Carlos IV y María Luisa, a fines de agosto de 1802, dan muestra
de la época de brillantez que atravesó la Cartuja. Con
motivo de la guerra de la Independencia los monjes decidieron dispersarse
y Palafox mandó llevar a Zaragoza el trigo y el vino de la
Cartuja. Napoleón ordenó la nacionalización de
los bines de la comunidades religiosas, lo que convirtió a
la Cartuja de la Concepción en cuartel general y sede del Estado
mayor del general francés Junot mientras sitiaba Zaragoza.
Perdidos el monasterio y los objetos de valor, la comunidad se refugió
en la Cartuja de las Fuentes el 5 de junio de 1809. Fernando VII decretó
su vuelta, permaneciendo hasta el 23 de septiembre de 1820, fecha
en que se les expulsó, abandonando el monasterio para volver
en 1823. En el año 1835 fueron definitivamente expulsados por
la desamortización de Mendizábal. Hacia 1850 se encontraba
el monasterio en el más completo abandono, aunque desde 1840
comienzan a aparecer las primeras solicituides de arrendamiento principalmente,
de cuadras y corrales.
La Junta Provincial de Enajenación concedió, en 1839,
la sillería del coro de la iglesia, muy bien conservada, a
la Universidad literaria de Zaragoza. Entre 1843 y 1844 se subastó
el monasterio, edificios y tierras de dentro de los muros divididas
en veintiocho porciones. La Tasación se efectuó en 375.443
reales y fue rematado en 812.500 reales. Don Francisco de Paula Funes
compró veinte de las veintiocho porciones; don Nicolás
Ferrús, 6, y don Manuel Peg y don Manuel Frisón una
cada uno. Aunque Alfonso XIII favoreció la reposición
de la Vida monástica a principios de nuestro siglo, no pudo
ser aplicada al caso de la Cartuja de la Concepción al estar
ocupados todos los espacios hábiles por los vecinos del barrio.
Parece ser que el mayor contingente de habitantes, aparte de los que
estaban dedicados a las permanentes tareas agrícolas, llegó
con las obras del Canal Imperial de Aragón.
Hasta los años 70 del siglo XX, la vida del barrio debió
de discurrir en las exclusivas dedicaciones a la agricultura. En la
guerra de 1936-1939 a la Cartuja le tocó, otra vez, albergar
tropas, como en la guerra de la Independencia. La torre de la igIesia
fue quemada el 25 de mayo de 1939.

Plano de la etapa


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