Monasterio
de San Salvador de Leyre
El
Monasterio de San Salvador de Leyre, cuya existencia se encuentra
documentada desde mediados del siglo IX, se edificó sobre
restos visigóticos del siglo VI, se encuentra situado
en la fortaleza natural que suponen las laderas de la Sierra
de Errando y domina el valle que se abre al embalse de Yesa.
Fue sede episcopal, corte y panteón de reyes, referencia
obligada en el Camino, centro espiritual y cultural que gozó
de fama y privilegios en el siglo XI. Su biblioteca ya aparece
citada en el año 848 por el mártir San Eulogio
de Córdoba, para Sancho el Mayor fue el centro y el corazón
de su reino y en su interior reposan los restos de los reyes
de Navarra.
Este monasterio, con motivo de la desamortización los
monjes abandonaron sus restos, vuelven a ocuparlo en 1954.
Destruido por Almanzor, se inicia su reconstrucción el
año 1022, y se tiene noticia de una primera consagración
ya en 1057. Durante el siglo XI su importancia irá en
aumento coincidiendo con un periodo en el cual sus abades ostentarán,
a la par, el cargo de obispos de Pamplona. Elegido como panteón
real de los reyes navarros, es también el momento en
el cual los antiguos usos monásticos hispanos son sustituidos
por la regla de San Benito, viviendo su máximo esplendor
con el gobierno del abad Raimundo (1083-1121). A lo largo del
siglo XIII se inicia una prolongada etapa de crisis centrada
en los enfrentamientos entre los monjes partidarios de asumir
la reforma cisterciense y los que preferían continuar
con la norma benedictina, y que se saldó con la victoria
de los primeros en el año 1307.
De todas las construcciones que conforman el conjunto monasterial,
destaca la iglesia. Edificada durante el románico pleno,
su parte más antigua se corresponde con la zona de la
cabecera, dividida en dos pisos: uno inferior, la cripta, y
el superior, destinado a los tres ábsides semicirculares
precedidos de tres estrechas naves de dos tramos cada una, cubiertos
por bóvedas de cañón que apean en pilares
cruciformes. Durante la segunda mitad del siglo XI y los primeros
años del siguiente, se continúan las obras con
la construcción de los muros perimetrales y con la talla
de la labor escultórica que decorará la portada
occidental; pero quedarán inconclusas, y no se reanudarán
hasta tiempo después como demuestran las bóvedas
góticas que cubren la gran nave occidental del templo.
En su interior, los peregrinos podían venerar las reliquias
de las mártires cordobesas Nunilón y Alodia, copatronas
del monasterio, custodiadas en una hermosa arqueta de marfil
de filiación islámica, hoy en el Museo de Navarra.