O’Cebreiro.-
Altitud 1.295 m.
Su
población 10 habitantes
A
Santiago 152 Km.

No
sólo es uno de los enclaves más antiguos de la
ruta jacobea, sino también uno de los más entrañables
e interesantes. A 1.300 metros de altitud y expuesto a los cuatro
vientos, este pequeño poblado declarado Conjunto Histórico
Artístico Nacional no cuenta en la actualidad con más
de diez vecinos. Sin embargo, su trascendencia histórica
se deriva de su estratégica situación, su hospital
se encontraba al final de una de las más duras etapas
del Camino, y de su peculiar arquitectura prerromana.
Se conservan en O’Cebreiro varias pallozas; construcciones
de planta oval y muros de piedra de poca altura, con techo cónico
recubierto de paja de centeno trenzada, en las que hombres y
ganado compartían el mismo espacio vital. Alguna de estas
pallozas, que se conservan en su estado original, incluidos
todos sus enseres, pueden ser visitadas por el peregrino. Otras,
desprovistas de mobiliario, han sido utilizadas durante muchos
años como humilde refugio.
La Iglesia de Santa María la Real de O’Cebreiro,
levantada entre los siglos IX y X es uno de los pocos ejemplos
que aún quedan en Galicia del arte prerrománico
con clara influencia astur. En su interior se conserva una talla
bizantina, del siglo XII, de la patrona de la localidad y el
cáliz del renombrado milagro aquí acontecido,
en torno al año 1300, de la transformación del
pan y el vino en carne y sangre de Cristo de forma visible.
A su paso por O’Cebreiro, en su peregrinación a
Compostela, los Reyes Católicos donaron el relicario
en el que hoy se conservan los restos del sobrenatural acontecimiento.
Junto a la iglesia está la actual hospedería,
de San Giraldo de Aurillac (estupendamente atendida por Pilar
y Luis), donde por poco dinero se puede dormir y disfrutar de
su excelente cocina casera. Levantada en 1965, sobre parte de
lo que fuera el gran hospital de peregrinos, por Don Elías
Valiña Sampedro, párroco de O’cebreiro,
y gran impulsor del Camino de Santiago, al que dedicó
parte de su vida, y que recorrió varias veces, con una
brocha y un bote de pintura amarilla pintando las flechas, que
hoy nos orientan a los peregrinos a lo largo de todo el recorrido.
El Milagro Eucarístico.
Una tradición muy fuerte, corroborada por diversas fuentes históricas y arqueológicas sostienen que sobre el altar de la capilla lateral de la iglesia estaba celebrando la eucaristía un sacerdote benedictino. Pensaba que aquel crudo día de invierno, en que la nieve se amontonaba y el viento era insoportable, nadie vendría a la misa. Pero se equivoca. Un paisano de Barxamaior, llamado Juan Santín, asciende al Cebreiro para participar en la Santa Misa. El monje celebrante, de poca fe, menosprecia el sacrificio del campesino. Pero en el momento de la Consagración el sacerdote percibe cómo la Hostia se convierte en carne sensible a la vista, y el cáliz en sangre, que hierve y tiñe los corporales. Los corporales con la sangre quedaron en el cáliz y la Hostia en la patena.
Jesús quiso afianzar no solo la fe de aquel monje sino de todos los hombres. Noticia del milagro se propagó por todas partes propiciando así una gran devoción a Cristo en la Eucaristía.
Los protagonistas de la historia, el monje y el campesino, tienen sus mausoleos en la iglesia, cerca del lugar del milagro Eucarístico.
